08 abril 2008

El Guanchito y el gremio de los lecheros

Capítulo II
"Fresas y Chocolate a domicilio"
Habían pasado las horas y ni rastro de la nueva visita que había prometido el lechero. El Guanchito se había quedado dormido en su sofá esperando y esperando.

Ringgggggg, ringgggggggg –sonó el teléfono y se despertó.

Asustado por el estruendo se levantó desorientado y al estirar su cuerpo sintió un fuerte rasgado en su piel que le hizo gritar. La lefa del lechero había cuajado hasta los poros de su piel y se había secado por completo, la sentía como si tuviese la piel de un lagarto. Cogió el teléfono y atendió sin mucho agrado.

-¿Sí?.... No, no he cenado aún. Sí mamá, ahora me hago lo que sea, no tengo mucha hambre……. Sí, ya lo sé, que tengo que cuidarme ……. Bla, bla, bla…….

El Guanchito no le dio mucha bola a su madre, la verdad es que se encontraba algo aturdido de la siesta fuera de hora y tras colgar volvió a sentarme en su sofá sin saber muy bien qué hacer. Pero al momento sonó el telefonillo. Pegó un bote del sofá y volvió a sentir un tirón en todo su torso que lejos de molestarle le trajo morbosos recuerdos. Contestó.

-¿Sí?
-Nos envía el lechero –contestaron desde abajo.

Sin preguntar nada más les abrió la puerta y se dispuso a recibirlos en la entrada. El lechero no le había dado instrucciones de cómo recibirlos, bueno sí, de ninguna manera especial, simplemente como él lo había dejado y así los esperó, completamente en pelotas y con los churretes de semen caídos y secos desde su frente hasta los muslos.

En breve se oyó ruido al otro lado de la puerta y sin dejarlos llamar el Guanchito les abrió. Se quedó sorprendido al verlos, dos mulatos con la cabeza rapada trajeados y portando uno un maletín de cuero y el otro una mochila deportiva de tamaño mediano. Ambos le ofrecieron una amplia sonrisa y lo repasaron de arriba abajo. Al llegar a la zona de sus genitales se relamieron los labios y ampliaron su tremenda y blanca sonrisa. Les dio paso y entraron dejando sus equipajes sobre la mesita de centro del salón.

Los lecheros se presentaron el uno al otro y le dieron instrucciones.

-Buenas noches, él se llama Choco –dijo el más alto presentando al otro- lo llaman así porque es el más sabroso, tiene una boca capaz de sacarte la leche directamente los huevos, una lengua que podría desgastarte el ojete a lametazos y un rabo de 22 centímetros rico para chupar y follarte hasta que eches el corazón por la boca.
-Buenas noches, él se llama Fresón –dijo el más bajito- lo llaman así por el tamaño de la cabeza de su polla, parece un auténtico fresón y es dulce y ácido como el fruto, lo mismo te acaricia y se da un masaje erótico espectacular, que te pega una tunda de palmotazos en el culo que te puede hacer sangrar, eso sólo si lo deseas claro, respetamos los límites de cada persona. Además de su dotado glande, su rabo le mide 26 centímetros, por lo que es ideal para mamar a dos manos y hacer las delicias de un precioso culito como el tuyo. Cuando lo veas también podrás apreciar el volumen de sus cojones que pueden llegar a emitir cerca de 10 cl de leche en una sola corrida.

El Guanchito se quedó flipado, nunca había vivido una situación parecida, solía tener encuentros esporádicos en las que apenas mediar cuatro palabras.

-De ti no necesitamos ningún tipo de información, simplemente te pedimos que te dejes llevar y que si algo te desagrada nos lo digas pero siempre será mejor que nos dejes trabajar como a nosotros nos gusta.
-Está bien, soy todo vuestro, haced de mí lo que vosotros queráis, me dejo en vuestros cuerpos muy gustoso.
-Muy bien –dijo Fresón- siéntate en el centro del sofá.

El Guanchito le obedeció y los lecheros se quitaron las chaquetas pero se quedaron vestidos e incluso con las corbatas negras. Sacaron de la mochila una zafa, una esponja, una botella de agua aromatizada con azahar y una toalla. Los dos mulatos se sentaron a cada lado del Guanchito y Fresón vertió el agua de azahar en ella, empapó la esponja y comenzó a pasarla por todo su cuerpo, primero la cara con mucho cuidado y luego fue bajando por el cuello, el torso y los muslos. Escurría de vez en cuando la esponja y se notaba cómo el semen del lechero iba haciendo burbujas en la zafa. Mientras Fresón terminaba con la espalda, Choco le secaba la piel con la toalla, con mucha suavidad, con delicadeza. El Guanchito, haciendo honor a lo que le habían pedido permanecía a sus órdenes con los ojos cerrados y sólo sintiéndose muy cuidado por aquellos dos desconocidos.

Una vez aseado, le pusieron los brazos abiertos y se bajaron a sus pezones. Fresón y Choco sacaron sus lenguas salivosas y comenzaron a lamer los pezones del Guanchito. Al principio notó cierto escozor, pues las pinzas que se había puesto por la tarde le habían hecho heriditas, pero en seguida la saliva de los lecheros se las curaron y empezaron a expandirse volviéndose blanditos y jugosos. Ambos tenían unos morros importantes, rodeaban los pezones con la lengua, los lamían de abajo hacia arriba y luego siguieron con pequeños mordisquitos a los que el Guanchito respondía con tímidos gemidos. Su rabo se había despertado desde el principio pero los mulatos no le habían hecho ni caso. Para él mejor, porque precisamente no era de los que desease que ni si quiera se lo tocasen en la mayoría de sus encuentros sexuales, únicamente cuando optaba por ser activo le daba importancia a eso. En aquel momento se sentí en la gloria, con los ojos cerrados, dos bocazas comiéndole los pezones y sintiendo su rabo duro y goteando las primeras lágrimas preseminales, ummmm.

De los pezones pasaron a las axilas y tras olerlas restregaron sus lenguas por sus velludos sobacos. Se retiraron y el Guanchito abrió los ojos.

-¿Te encuentras bien? –preguntó Choco.
-Sí, muy bien, perfecto –respondió el Guanchito.

Los lecheros se quitaron las corbatas y las camisas, sólo se dejaron los pantalones. Sus torsos eran de piel fibrosa y trigueña, sin vello en absoluto y ambos llevaban un piercing en la tetilla izquierda. A Choco le colgaba un aro con una diminuta onza de chocolate de plata y a Fresón un aro con una fresita, en su caso, en oro amarillo.

Ahora eran ellos los que deseaban ser lamidos por la húmeda lengua del Guanchito. Choco asió su cabeza y la llevó hasta su pezón izquierdo y éste probó el preciado metal que tenía u sabor salado. Choco sudaba debido a la excitación y sus pezones habían transmitido el sabor de su piel a la onza de chocolate dorada. Después fue Fresón el que cogió la cabeza del Guanchito para que probase el sabor de sus pezones y así fue, la fresita plateada se entremezclaba entre sus labios y su lengua evitando ser devorada. Al mismo tiempo dos impresionantes bultos crecían en los pantalones de los putos lecheros a domicilio. Sus pollas tomaban posiciones subiendo por las ingles hasta detenerse en toda su dimensión a la altura del cinturón. Como el Guanchito estaba completamente desnudo ya eran visibles los hilillos de baba de polla que caían al sofá empelotando sus cojones y sus muslos.

Entonces pasaron a una nueva fase, la presión e sus rabos morenos en el interior del pantalón era insoportable por lo que ambos se levantaron y con un gesto hicieron que el Guanchito sacase las lecheras de las que iba a abastecerse. Así, usando cada mano para cada maromo desabrochó los cinturones, luego los botones y los pantalones cayeron por su propio peso. Dos pedazo de paquetes en slips blancos frente a su careto le hicieron gemir de placer, dudó a cual dedicarse primero, pero prefirió tener más datos para elegir. Metió sus manos por el elástico y bajó los dos calzoncillos al mismo tiempo apareciendo los pollones descapillados como dos puentes levadizos. Como Choco gastaba alguna tala más que Fresón, su rabo le quedaba más cerca de la boca así que decidió probar primero su polla. Abrió la boca, sacó la lengua y le dio un restregón para recoger el gotarrón de presemen que pendía de su uretra. Después, admirado por el grosor de glande de Fresón, abrió aún más la boca y se lo coló de una vez haciendo un giro con fuerza para notar todo su volumen. Una vez catadas ambas pollas, las agarro de la base y a dos manos empezó a mamarlas como él sabía. Succionaba, lamía, chupaba as pollas con ansia y buen gusto. Intentaba metérselas lo más que podía aunque era del todo imposible que su nariz llegara a rozarse con sus matorrales púbicos. Lamía y absorbía los cojones jugando con ellos con la lengua. Los dos mulatones se miraban y se hacían señales de aprobación, les gustaba cómo los mamaba el Guanchito.

Una vez saciados a este punto decidieron seguir de otra forma. Choco se sentó en medio del sofá, con su pedazo de rabo bien tieso y arrodillaron al Guanchito frente a él. Continuó mamando su polla mientras Fresón empezó a trabajarle el ojete al puto sumiso. Cogió sus blancas nalgas y las abrió con sus manazas y de seguida le lamió la raja de principio a fin. El ojete lo tenía cerradito pero la saliva y el calentón pronto lo ablandaron. Jugaba a meterle la lengua y a morderle las cachas del culo dejándole marcas evidentes. A la vez le daba varios palmotazos con las palmas de las manos a los que el Guanchito respondía con sonoros gemidos de un placer dolorido. Mientras él seguía con sumo entusiasmo dedicado al pollón de Choco. Pero éste también quería rabo, así que agarró la larga cabellera del Guanchito lo subió hasta que se arrodilló encima de él. Fresón se subió al sofá y se sentó en el respaldo, así que el Guanchito cambió de nuevo de polla y ahora mamaba la de la cabeza más gorda. A su vez Choco se bajó un poco y se metió la polla del Guanchito en la boca. Chorreaba de tal manera que en la primera lamida tuvo que sacársela de la boca para poder tragar todo el líquido que había desprendido. Luego siguió mamando con fuerza aquella pollita blanca mientras continuaba la labor que Fresón había dejado a medias, y es que era importante seguir calentándole el culito, así que no paró de darle palmotazos en las nalgas y de jugar con sus gruesos dedos morenos en el ojete para dilatárselo.

Después de unos minutos mamando rabos deshicieron la postura para trabajarle en serio el culo al Guanchito. Se pusieron los tres de pie, para ir abriendo paso fue Choco el primero en penetrar. El Ganchito se encorvó y puso su culito blanco en pompa, pero eso no significaba que detuviese su arte de mamarla, bajó hasta la altura del rabo de Fresón y continuó con su trabajo. Choco se cogió el rabo y lo coloco en a puerta de su ojete. Con suaves golpes de capullo fue entrando lentamente, no había prisa. La cara del Ganchito, lejos de mostrar sufrimiento expresó un placer profundo aunque sus gemidos se ahogaban porque la polla de Fresón se lo impedía. Entró el glande y una vez dentro todo fue seguido hasta la mitad, entonces encontró resistencia y de momento no quiso seguir insistiendo. Suaves batidas hacia dentro y hacia fuera fueron creando el espacio interior adecuado para que el ano del Guanchito aceptase la follada sin dolor. Choco se fue animando y acelerando las metidas cada vez con más energía, Fresón estaba empapado en sudor y tenía el rabo incandescente de la brutal mamada que el Guanchito le estaba propinando y éste se sentía pleno de placer al tener sus dos agujeros rellenos de carne viva y caliente, su boca y culazo ocupados por dos buenas pollas mulatas.

Y llegó el cambio de turno, tras haber abierto el paso, el ojete del Guanchito estaba preparado para siguiente nivel de dilatación y es que la cabeza de la polla de Fresón tenía una circunferencia nunca antes conocida por su culito tierno, así que tendría que ir con cuidado. Acostaron al Guanchito obre la mesa del comedor boca arriba y Fresón e fue metiendo suavemente su pollón con el gusto de ver el gesto de desgarro gozoso en sus ojos. Fresón le sostenía las piernas con sus musculosos brazos y lo pajeaba a la misma vez. Choco no se quedó quieto y para no dejar desamparada a su polla se puso detrás de Fresón y apretando apretando, consiguió hacerse un hueco en el culito moreno de su compañero. Eso excitó fuertemente a Fresón, estaba siendo enculado al mismo tiempo que penetraba al Guanchito, el trenecito estaba en marcha. Por la longitud de su rabo, Choco o tenía problemas para que se saliese a pesar de las sacudidas que el culo de Fresón daba cada vez le pegaba un pollazo a su adorado blanquito. El Guanchito sudaba como un condenado y tato placer lo estaba sumiendo en un estado especial de locura. Pero todo no quedó ahí. Cambiaron de decorado se tiraron al suelo. Choco boca arriba, el Guanchito cabalgando sobre su polla y Fresón que amenazaba con meter su rabo para compartir espacio con la polla de su compañero. El Guanchito se enfrentaba a su primera doble penetración. De rodillas y calculando bien la jugada, Fresón se cogió la polla con su mano derecha y la puso sobre la polla de Choco que ya estaba bombeando al Ganchito. Todos se detuvieron y Fresón presionó con suavidad pero con firmeza la tremenda cabeza de su rabo hacia el interior del ojete ya totalmente dilatado. En seguida empezó a funcionar de nuevo el tren y las dos pollas acompasadas entraban salían de su culito dotándolo de un nuevo placer que le hacía gritar como una puta perra guarra y cachonda. El Guanchito se deshacía en gemidos y escalofríos, se le puso la piel de gallina y sabía que no podría aguantar mucho pues aquel placer era descomunal. Los dos mulatos se afanaron en empujar a todo gas, cada vez más rápido, cada vez más fuerte, hasta que Fresón n pudo más y se salió del culo para situarse frente al Ganchito que seguía sintiendo la polla de Coco en u culo. El Guanchito levantó la cabeza, abrió los ojos y la boca o más que pudo, sacó a lengua para no dejar escapar ni una gota y sin tocase, Fresón dejó que su polla soltara unos lechazos impresionantes. Su cara se empapó por completo, chorros blancos golpeaban sus mejillas enrojecidas de rubor, rellenaban su boca hambrienta de leche caliente y ensuciaban su maravillosa melena.

Observar la corrida de su colega hizo que Choco se sobrexcitase y no pudiese detener la su inminente eyaculación por lo que se quitó al Guanchito de golpe y lo tiró sobre el suelo, se arrodillo sobre su pecho y con su tremendo rabo a pocos centímetros de la cara, vació sus cojones negros en enérgicos disparos de semen recién hecho listo para ser degustado. Lechazos a diestro y siniestro sobre la frente, otra vez en la boca, todo el cuello, incluso se levantó para seguir manchando su pecho y sus brazos. El Guanchito acariciaba las fuertes piernas de Choco mientras recibía toda la serie de lefazos sobre su cara y su torso.

Desahogados los dos morenos, quisieron terminar la faena como ellos estaban acostumbrados. Si hubiera sido por el Guanchito no se hubiera corrido, no le hacía ninguna falta después de tanto placer, pero ellos no pensaban igual.

- ¿Ha quedado satisfecho el cliente? –preguntó Choco.
- No s lo podéis imaginar.
- Pues ahora hay que rematarla faena, esa polla está a puno de estallar y hay que solucionarlo –dijo Fresón señalando la polla del Guanchito.
- De verdad, no os molestéis, no e hace ninguna falta, estoy suficientemente satisfecho, en serio.
- Chico tranquilo, ya no es por ti, es que a nosotros nos gusta terminar así.

Entonces se puso cada uno a un lado, le levantaron las piernas hasta dejarle la mitad del cuerpo en vertical y entre los dos comenzaron a mamar los huevos y la polla del Guanchito. Ni se la tocaron o las manos, sus lenguas eran lo suficientemente potentes para provocarle un orgasmo que terminase con todo aquello de una vez. Los dos mulatos cerraron sus labios y comprimieron su polla por los lados haciéndole una paja mamada con las bocas y en menos de un minuto el Guanchito soltó toda la reserva de leche que había ido acumulando todo el día, tanto la que le generó el lechero del paquetorro como la de los dos lecheros mulatos. Echó unos salivazos con su polla que cayeron sobre su cara, cuello y pecho juntándose con a leche de os dos morenazos que aún estaba caliente. Luego lo dejaron caer al suelo y se quedó unos minutos en silencia disfrutando del cansancio y el placer, por poco se queda dormido.

Mientras el Guanchito se reponía del polvazo, Fresón y Choco se habían secado el sudor y puesto sus trajes impecables de nuevo. Una vez vestidos cogieron al Guanchito y lo dejaron sobre el sofá. El batido multileches que cubría la mayor parte de su cuerpo casi se había secado y como buenos profesionales, volvieron a hacer el ritual de la limpieza. Tomaron la palangana de nuevo, la llenaron de agua de azahar, pasaron la esponja con esmero por cada centímetro de su piel y finalmente lo secaron con suma delicadeza.

El Guanchito no dijo ni "mu", simplemente se limitó a dejarse hacer y disfrutar de los últimos minutos de la sorpresa de un día que no olvidaría jamás.

Estaba tan rendido que no pudo ni levantarse para despedir a los dos lecheros que le dejaron una tarjeta con sus referencias y se despidieron de él con mucho cariño.

- Bueno chico, ha sido un verdadero placer haber atendido este pedido –dijo Choco dándole un afectuoso beso en la boca.
- Lo mismo digo, un placer atender a clientes como tú, aquí te dejamos nuestras referencias por si en alguna ocasión te apetece una nueva visita, ya sabes cómo trabajamos. Lo que no te podemos garantizar es que el servicio sea inmediato, el gremio de los lecheros es escaso y como ya sabes la dedicación que ponemos en las visitas entenderás que su frecuencia sea baja –dijo Fresón dándole otro beso en los morros.
- Yo no tengo palabras para agradeceros el servicio, sólo deciros que seguro que os volveré a llamar y esperaré con paciencia para cuando me podáis atender –dijo el Guanchito desnudo y tirado sobre el sofá que presidía su salón y que había sido testigo de todo lo sucedido aquella tarde.

Los dos lecheros mulatos se dieron la vuelta y menearon sus morenos culazos hasta la puerta desde donde se volvieron para lanzarle una última sonrisa al despedazado Guanchito. Por su parte éste se quedó allí tirado el resto de la noche, se puso la tele de fondo y se durmió en seguida, rendido por la paliza y el desgaste sexual tan agradable a cuenta del gremio de los lecheros.
FIN

11 marzo 2008

El Guanchito y el gremio de los lecheros

Capítulo I
"El morenazo del paquetorro"

En uno de esos días de profundo hastío y aburrimiento, el Guanchito pasaba las primeras horas de la tarde en la biblioteca intentando memorizar las putas fórmulas más pesadas de una asignatura que se le resistía. Decidió darse un descanso y encendió su portátil que aprovechando el wifi gratuito de la Universidad le llevó hasta su chat de contactos habitual. De vez en cuando echaba un vistazo por encima de la pantalla, cada vez que alguien se levantaba en aquella sórdida biblioteca llena de mataos. Estuvo un buen rato observando el chat general, no picó sobre nadie y tampoco nadie se atrevió a mandarle un privado. Las conversaciones generales eran más bien sosas y absurdas, pero en una de sus ojeadas al tendido de la sala vio que se acercaba por el pasillo e morenazo del paquetón que ya había visto alguna que otra vez por la facultad. Se quedó mirando a ver dónde se sentaba y bingo, se sentó justo delante de él pero de espaldas. El morenazo sacó su portátil lo abrió y se conectó. El Guanchito no podía ver lo que estaba haciendo en su ordenador, pero no le quitaba ojo, ahora sólo miraba de vez en cuando a la pantalla sin mucho interés. El morenazo era un tío bastante varonil, con el pelo muy cortito y una barba de cuatro días muy bien perfilada. Llevaba unos vaqueros ajustados y una camiseta negra que dibujaba un torso cuidado y fibroso. Dos brazos fornidos y torneados terminaban de aclarar que era un tío de los que merece la pena conocer, sobretodo si es para un buen polvo. El Guanchito lo había bautizado como el morenazo del paquetón por su color de piel y por supuesto por el paquetorro que se gastaba. A veces hasta se le distinguía perfectamente para dónde le miraba la polla. Normalmente la llevaba pegada hacia arriba a la izquierda.

Se ve que al morenazo le entraron ganas de mear y le susurró algo a una chica que debía ser su amiga. A una desconocida no le hubiese dejado cuidar de su portátil, y ésta asintió sin hacer mucho caso pues estaba bastante ocupada charlando con su otra compañera de pupitre. Al levantarse el Guanchito hizo en su mente una foto fija del buen culo que tenía el morenazo y de pronto: “BINGO”, la página en la que estaba metido era el mismo chat en el que él estaba. El Guanchito se puso algo nervioso porque desde su sitio no podía ver el nick con el que había entrado, le gustaría aunque fuese provocarlo. Entonces, salió del chat, apagó su portátil y lo metió en su mochila. Se levantó y disimuladamente pasó junto al puesto en el que estaba el ordenador del morenazo y se detuvo a buscar algo en su bolsillo mientras escudriñaba la página. En seguida dio con el nick tan deseado: “el lechero”. Al Guanchito le dio un subidón que se le puso el rabo morcillón y de ahí se fue directo al aseo a ver si lo pillaba. Entró al aseo y vio que estaba de frente a uno de los urinarios. El Guanchito se puso en el de al lado y se sacó su polla bastante gorda por el calentón, giró su cabeza y quiso ver lo que tenía el morenazo entre las manos pero apenas pudo ver nada pues estaba terminando y se la estaba guardando. Eso sí, el morenazo se percató de la mirada del Guanchito y como si no le hubiese gustado mucho le echó unos ojitos que lo pusieron nervioso. Pero nada, el morenazo salió del aseo y volvió a su sitio en la biblioteca. El Guanchito aprovechó para empezar con su juego pero esta vez eligió un sitio desde el cual no podría divisarlo el morenazo. Encendió su portátil y volvió al chat. Allí estaba, a partir de aquel momento el morenazo del paquetorro sería el lechero. Para no entrar a saco escribió un mensaje al general que estaba seguro respondería y así fue:
El Guanchito: son las cinco de la tarde, ¿alguien me da la merienda?
El lechero: Si te apetece unos traguitos de leche caliente y recién hecha yo hago repartos a domicilio.

Entonces no dudó en seguir la conversación privada:
G:ufff, me apetece mucho, unos buenos tragos de leche calentita.
L: llevo un par de semanas sin hacer reparto así que seguramente si no descargo pronto me van a reventar los huevos.
G: joder ti, pues debes echar un mucha leche con tanta abstinencia. ¿A qué se debe? ¿No tienes muchos clientes hambrientos como yo?
L: calla tío, en esta ciudad hay mucho mamador de pega, te calientan el rabo conversando y luego no quieren saber nada de quedar para real. Espero que tú no seas de esos porque entonces aquí hemos terminado, estoy harto de perder el tiempo con niñatos.
G: tranquilo tío, admito que soy un niñato, pero muy cump0lidor, un pedazo de zorrón que se las traga dobladas. Además, por si te interesa ni pregunto ni me gusta que me pregunten así que soy muy discreto y voy a lo que voy.
L: interesante, tío, muy interesante.
G: se me está haciendo la boca agua só0lo de pensar cómo tienes los cojones de gordos deseando vaciarlos sobre mi careto tío.
L: pues, ¿para qué vamos a seguir conversando si lo que nos interesa es darle caña al asunto?
G: cuando quieras, mi dirección es C/ Santiamén Nº69, Sex to Ass.
L: ¿Sex to Ass? ¿Qué coño es eso?
G: era una puta broma, sexo para el ojete. No, es el 6ºA.
L: estás allí.
G: muy cerca, en cuanto cortemos estoy allí esperando el pedido.
L: espera, antes debes saber algunas cosas. Nada de sexo para el ojete, lo mío es dar de mamar y punto, no tengo otros intereses. Además, no cobro, no voy de chapas cuando estoy tan caliente, así que en tu caso, como veo que prometes te regalaré la merienda con mucho gusto. Y otra cosa más. Debes estar completamente en bolas cuando llegue, y quiero que me recibas en la entrada, no tengo ningún interés en conocer tu casa ni en tomarme nada, el que va a dar de comer soy yo.
G: así lo haré tío, me encanta que me dominen, así que tus deseos son órdenes tío.
L: no son deseos, cabrón, son órdenes y punto. Ah, una cosa más. A ver si llevas algo extra, algún fetiche, siempre se agradece.
G: no te decepcionaré.
L: bien pues en quince minutos me tienes en tu casa.
G: aquí te espero.

El Guanchito se apresuró a cerrar su portátil y salió disparado para su casa. Tan sólo estaba a dos manzanas de la Universidad y debía prepararse para el recibimiento. Entró en su casa, se fue a su habitación y se desnudó por completo. Fue hasta la galería de la cocina y cogió el cesto de las pinzas de la ropa y se sentó en el suelo de la entrada. Con sumo cuidado fue pinzándose los pezones y los cojones. Una pinza en cada tetilla y hasta cinco en los huevos. Culminó con dos más, una a cada lado de la base de la polla. Sólo el calentón que había cogido en la Universidad ya se la había puesto dura y el ritual de las pinzas hizo que empezase a echar gotitas transparentes por la punta del nabo. Estaba muy caliente y deseaba merendar como un jodido muerto de hambre.

A los pocos minutos sonó el timbre del portero automático y preguntó:
G: ¿quién es?
L: el lechero –contestó.

Abrió el portón y en menos de un minuto se escuchó golpear la puerta de la casa. Sin vacilaciones giró el pomo y lo soltó, prefirió que fuese el lechero el que abriese la puerta, y entonces se abrió lentamente. El lechero entró y sólo dio dos pasos. Los dos pasos que le permitieron entrar a la casa y cerrar la puerta. Allí estaba el morenazo del paquetorro ahora bautizado como el lechero con su paquete más gordo que en la biblioteca y la mochila con el portátil colgada del hombro. El Guanchito se había pegado a la pared para que no lo viese hasta que no estuviera dentro y cuando se dio cuenta que era el mirón del aseo de la Universidad le dijo con sorpresa…

L: así que eres tú. Qué pasa, que me has echado el ojo en la biblioteca.
G: espero que no te haya molestado, pero te he visto y no me he podido resistir, se ven pocos tíos como tú en esta ciudad.
L: si me juras que vas de legal continuamos sino me piro.
G: ya ves que voy de legal, aquí me tienes tal y como me has pedido, te he recibido en la entrada de la casa, estoy en bolas y espero que te gusten estos fetiches.
L: no puedo negar que me está creciendo la polla de verte los pezones y los cojones pillados.
G: tengo hambre.
L: pues cállate ya y merienda que me va a explotar el escroto, joder.

No hablaron ni una palabra más. El Guanchito se arrodillo en el suelo de la entrada y desabrochó la cremallera del lechero. Antes de descubrir su enorme miembro quiso lamerlo sobre los vaqueros para palpar su verdadera dimensión y sacarlo en todo su esplendor. El lechero no expresaba ningún tipo de sentimientos, era un tío muy duro, pero el Guanchito empezaba a jadear sólo de pensar lo que se iba a meter en la boca. Entonces metió la mano por la bragueta y siguió la pista del rabo para poder sacarlo. No sólo salió un pedazo de polla sino también los famosos cojones que eran el depósito de su preciada merienda. Terminó de echar todo el prepucio para atrás y acercó su nariz a la cabeza de la polla, en seguida brotó una enorme gota de líquido transparente que se quedó impregnada en sus labios. Desprendía un olor a macho inconfundible, la polla del Guanchito estaba dura como una roca pero no podía tocarse, ese era la otra parte del pacto. Se metió lentamente la polla del lechero en la boca y comenzó a mover su cabeza a un ritmo cada vez más rápido. Tenía suficiente baba para lubricar ese pedazo de polla y en pocas envestidas pudo metérsela casi hasta el final. El lechero permanecía impasible aunque unas gotas de sudor empezaron a poblar su frente e incluso alguna resbalaba ya por sus sienes. El Guanchito se afanaba en meterse la polla lo más profundo que podía y de vez en cuando la sacaba para lamerle los cojones al lechero. Eso le gustaba porque era uno de los momentos en los que emitía pequeños gemidos de placer. Seguramente los tendría doloridos de tanta acumulación de semen. El Guanchito estuvo mamando intensamente durante varios minutos, hacía círculos sobre el glande, lamía la polla de arriba abajo, por encima y por debajo, incluso le pegaba algún que otro mordisco cuando se la metía bien profunda. Mientras masajeaba los cojones y se los apretaba para exprimirlos al máximo. Llegó un momento en que los gemidos del lechero se hicieron más sonoros, se acercaba el final, eso sí, su postura seguía siendo la del principio, una mano colgando en el aire y la otra aguantando el portátil para tener el campo libre y que el Guanchito pudiera hacer su trabajo tranquilamente.

Los últimos chuponazos del Guanchito fueron muy enérgicos, parecía que aquella polla gigante iba a desaparecer en su boca, y entonces el lechero reaccionó. Con la mano que le colgaba empujó la cabeza del Guanchito y se agarró su poderoso rabo. Tuvo una eyaculación espectacular. El primer chorro impactó justo entre sus ojos, como un tiro certero, el segundo le dio en plena frente, hubo un tercero que se metió hasta el fondo de su garganta y un cuarto igual de fuerte que los anteriores que se empotró en su mejilla derecha. A los cuatro lechazos fuertes le siguieron tres más que el lechero quiso repartir por el pecho y la tripa del Guanchito.

Los chorros de semen empezaban a resbalar por la cara del Guanchito embadurnando todo su rostro, bajaban por el cuello e incluso algunos eligieron la espalda para avanzar. Los que cayeron en el pecho fueron mojando su torso e incluso se adentraban en el vello púbico o avanzaban por sus muslos. Todo esto lo admiraba el lechero mientras el Guanchito seguía exprimiendo el rabo del lechero que disfrutaba viendo a su hambriento esclavo pringado hasta el ojete.

El Guanchito terminó de darle las últimas mamadas al lechero hasta que no le salía ni gota. Se relamió los labios y se quedó allí en el suelo arrodillado esperando alguna palabra de su nuevo amo.

L: no sabes lo a gusto que me he quedado. Me dolían los cojones sólo del roce.
G: ha sido genial, qué rica esa leche, pero creo que no debes dejar tanto tiempo, en mi casa siempre hace falta leche a diario.
L: sólo puedo decirte que tenías razón, eres un tío legal y además un fiel servidor y un magnífico mamador, eres realmente bueno.
G: gracias tío, no sabes lo que me gusta escuchar eso de alguien como tú.
L: ¿te importa que te recomiende? Tengo varios amigos del gremio que estoy seguro le encantarían darte la merienda de vez en cuando.
G: pues ya sabes. Siempre estoy dispuesto y hambriento, buenos pollones y leche caliente siempre será muy bien recibida.

El lechero se guardó la polla ya completamente limpia y se subió la cremallera. Se dio media vuelta, agarró el pomo y abrió la puerta, pero antes de salir se giró para ver por última vez al Guanchito arrodillado en el suelo y completamente mojado por su leche espesa, dulce y muy caliente.

L: me gustaría que estuvieras atento al timbre, quizá esta noche venga alguien a darte la cena, y por cierto, no te limpies, a ellos les gustan ciertos juegos, y tampoco te descargues, siempre es más espectacular si acumulas, ya lo has visto.
G: así lo haré. Los esperaré pacientemente.

El lechero cerró la puerta y allí se quedó el Guanchito, muy caliente y con el rabo para explotarle. Las dos pinzas que pillaban la base de su polla habían saltado en medio de la mamada, su polla había engordado tanto que no pudieron resistirlo. Se levantó del suelo de la entrada y se fue hasta su sofá. Se quitó una a una las pinzas de los pezones y los huevos y encendió la tele para esperar su próxima visita. Tenía gran curiosidad por saber qué le esperaba…..

[continuará]

08 octubre 2007

Aquellos días de verano V

Capítulo Quinto: "Hasta siempre, Cristo"
...Después fuimos a casa y tras una pequeña reprimenda de mis padres por la tardanza, pasamos el resto de la noche comiendo pipas con las chicas en las escaleras de la playa de la urbanización como casi cada noche de aquel tremendo verano….

….. El resto de la semana sucedió algo esperable pero nada deseado. Cristo cambió completamente de actitud conmigo. Desde el martes por la mañana se dedicó casi en exclusiva a Sara. Paseos por la playa cogidos de la mano, juegos en el agua un tanto apartados del resto, conversaciones susurrantes aun en presencia de mi hermana y mía; ni siquiera me dedicó cinco minutos en la habitación como hacíamos antes de dormir, siempre esperaba a que yo me hubiese acostado o se acostaba él antes para no coincidir.

Parecía que de alguna manera quería reafirmar su heterosexualidad después de lo ocurrido en la Cala Virgen y para eso incluso exageraba demasiado ciertos gestos y palabras, siendo más brusco e insensible con algunos comentarios. Aquel polvo le cambió el carácter a peor y rompió gran parte de la magia que había creado en mí durante tres semanas. Digo gran parte porque aún seguía parte de ella en mis propios ojos y deseos. Verlo sobre la cama de al lado cada mañana al despertar o en bañador en la playa eran para mí grandes alicientes.

Así pasaron el martes, el miércoles, el jueves y el viernes. Pensé que el viernes sería diferente, pero me llevé un chasco cuando los padres de Sara dijeron en la comida que aquella noche se acercarían a visitar a un familiar que veraneaba cerca de allí y no querían volverse a Extremadura sin verlo después de haber estado tan cerca tantos días, por lo que mis esperanzas se desvanecieron. El domingo era nuestro día de partida hacia casa y no imaginaba qué tipo de relación existiría entre nosotros después de aquellos días de verano.

La noche del viernes me acosté aburrido tras hablar con mi hermanita, como cada noche, en las escaleras de la playa y destrozar por completo todas mis esperanzas cuando me dijo que Sara estaba dispuesta a hacerlo con Cristo el sábado por la noche. Me costó dormir y cómo no, para coger el sueño, eché mano de mi memoria y recordé el polvazo de la playa dejando mis sábanas totalmente mojadas en pocos minutos, y de ahí, a los brazos de Morfeo.

El sábado por la tarde pasó algo extraño. Cristo casi ni me había dirigido la palabra en toda la semana y sin embargo esa tarde, me cogió del brazo y me dijo: .- ven un momento, que te quiero contar una cosa; Para mí fue muy extraño pero cuando me dijo lo que quería ya vi de qué pie cojeaba.

Cristo: Tío, necesito que me hagas un favor esta noche.
Dani: Sí claro, dime.
Cristo: Necesito que me dejes la llave de tu casa, pídele la suya a tu hermana. Verás, esta noche es posible que Sara y yo, ya sabes –dijo con esa mirada pícara que me volvía loco- y quizá tú te recojas antes que yo, ya sabes, no quiero prisas, supongo que Sara se hará un poco la remolona.
Dani: Ningún problema, pero saldremos juntos ¿no?
Cristo: Sí claro, como siempre, lo que pasa es que tengo pensado despistarnos allá sobre las tres o así, no quiero que me venga luego con que está muy cansada.
Dani: Vale, toma –le di las llaves- ya me arreglo yo con mi hermana.

Se fue echando fuego por el culo de lo contento que iba. Parecía que era su primer polvo, y claro que lo era, pero con Sara.

La noche empezó con mucha marcha, directos a beber sangría al “Buque” y luego al “Demon” y de ahí a la “Da Vinci” que es donde solíamos terminar la noche. Ya al entrar me dio bajón de pensar que se acercaba el momento de verlo desaparecer, y así fue, nos tomamos una copa y en menos de media hora, se me acercó y pegado a mí oído me dijo: .- Nene, me largo, mañana te cuento.

Me dio un escalofrío impresionante. Sus labios húmedos me dejaron la oreja empapada y su voz entró por ella retumbándome por el resto de la noche. No podía dejar de repetir aquellas palabras hasta que cogí el sueño en mi cama. Eran las cinco de la mañana y ni rastro del cuerpo de Cristo.
Lo siguiente que recuerdo fue un rumor a los pies de mi cama y una extraña y placentera sensación entre mis piernas. Yo me había quedado dormido bocabajo, con una de las piernas algo flexionada. Cristo había entrado sigilosamente a la casa y al entrar en la habitación, en lugar de acostarse como era lógico, decidió volver a probar del dulce jugo de mis entrañas. Se desvistió por completo, entró en mi cama por los pies y aprovechando mi postura culera, hundió su nariz entre mis nalgas, sacó su potente lengua y empezó a lamerme la raja suavemente. Me daba lametazos incidiendo sobretodo en el ojete. Mi raja estaba muy húmeda y su saliva empezó a resbalar por mis cojones que reposaban junto a mi rabo sobre las sábanas. Por lo que me contó, empecé a removerme y a suspirar casi en silencio. Casualidad fue que mis sueños fueran por los mismo derroteros y el despertar me hiciese confundir lo onírico con lo real, quizá por eso ni me inmuté y seguí inerte. Pero pasados unos segundos me di cuenta de lo que estaba sucediendo y lo dejé hacer sin remilgos.
Cristo se sintió muy excitado y se subió por mi espalda, entonces sentí la dureza de su rabo atravesando la estrechura de la cara interna de mis muslos hasta que se fue haciendo hueco entre mis nalgas. Noté cómo iba ayudándose con su mano en busca de mi orificio anal totalmente dilatado de placer. La punta de su nabo se colocó por fin en consonacia con mi anillo anal y le dio un empujoncito hasta meterse la cabeza entera. Era evidente que no tenía sentido seguir haciéndome el dormido, el placer que sentí me hizo dar mi primer gemido sonoro y entonces bajó su cabeza hasta mi cuello y me susurró unas palabras al mismo tiempo que iba encajando su buen rabo dentro de mi culo.

Cristo: Hola Dani, aquí me tienes, no estás soñando, estoy aquí sobre ti, follándote como sé que te gusta.

Tan sólo dejé que me diese cinco o seis pollazos más, no quise esperar a que se animase mucho, así que me revolví sobre mi propio cuerpo saliéndose su polla de mi culo y quedando acostados uno al lado del otro frente a frente. Cristo se asustó y preguntó:

Cristo: ¿Qué pasa? ¿He hecho algo que te haya molestado?
Dani: ¿Pero qué coño haces aquí? ¿No se supone que te estás follando a Sara?
Cristo: Hemos roto. Definitivamente no voy a ninguna parte con esa tía.
Dani: ¿Pero qué ha pasado?
Cristo: Me la llevé a una de las playas de detrás de los pubs, estaba supercariñosa y veía venir un buen polvo. Nos estuvimos enrollando unos minutos y claro, se me puso dura y se atrevió a cogerla por fuera del pantalón. Yo empecé a manosearle las tetas, y le metí la mano por debajo de la falda, empecé a sobarle el coño por fuera, no quería precipitarme. Entonces, entré por el lateral de sus bragas y noté que estaba completamente mojada, me decía que me deseaba. Como veía que no se decidía me desabroché el pantalón y me saqué la polla, la miró y se asustó un poco. Con unos besos y unos susurros le cogí la mano y se la llevé hasta mi polla, la cogió y le enseñé cómo tenía que pajearme y lo hacía bien, pero yo estaba muy excitado tocándole el coño, y veía que si me daba mucha caña me iba a correr pronto, entonces quise ir más allá y le fui bajando la cabeza para que me la mamara. Ella descubrió mis intenciones, y se echó para atrás. De repente se subió las bragas y me pidió explicaciones. Yo me llené de rabia y sólo puede decirle que era una estrecha y tenía mucho que aprender de ti.
Dani: Pero eres gilipollas tío, ¿Cómo se te ocurre decirle eso?
Cristo: Tranquilo, no se enteró de nada. Ni me ha vuelto a dirigir la palabra. Hemos venido callados todo el camino de vuelta y sólo me ha dicho en la puerta: .-Mañana será el último día que te vea y porque nos tenemos que volver juntos.
Dani: Qué fuerte. Y qué pasa que te has quedado cachondo perdido y tenías que mojar el churro donde fuese.
Cristo: Si quieres verlo así. Pero entiendo que no quieras seguir. Soy un cabronazo.

Entonces surgió en mí una mezcla de sentimientos llenos de fuerza. Había rabia, injusticia, humillación, ira, pasión y dominación. No pude reprimirme y me coloqué sobre él reteniéndolo entre mis piernas y sujetándole los brazos.

Dani: Está bien, ¿quieres follar? Yo también, pero quiero ponerte a prueba para que te pongas en su piel aunque sea nuestro último polvo.
Cristo: Desde luego que lo será, pero hagámoslo ya, que me muero de deseo tío.

Comencé a besarlo apasionadamente lamiéndole las mejillas y mordiéndole la lengua, la nariz y las orejas. Le absorví el cuello como si fuese un vampiro hambriento de su sangre, de la sangre de Cristo. Bajé por su pecho y sus abdominales para llegar a su enorme polla chorreante que me metí hasta la garganta y la sucioné durante varios minutos. A veces Cristo me aguantaba la cabeza para no correrse del gusto, entonces me pasaba a comerle los huevos sudorosos y gordos como pelotas de pin-pon. Sentí que lo estaba dominando y eso es lo que quería, y él se dejaba dominar como un puto esclavo, lo tenía cogido por los huevos.
La claridad de la farola de la parte trasera de la casa entraba por los agujeros de la persiana pudiendo así observar nuestros cuerpos comiéndose vivos. Mi polla pedía guerra y me subí de nuevo por su cuerpo empapado en sudor y me coloqué de rodillas sobre él sintiendo el roce de su polla en la raja de mi culo, pero no era el movimiento que él pensaba. Lo agarré de los pelos y llevé su cabeza hasta la punta de mi polla obligándolo a metérsela en la boca sin dejar que la moviese a su voluntad. Era yo el que me movía sujetándolo y follándomelo por la boca sin pensar en las arcadas que podía producirle tal maniobra. Efectivamente Cristo se tragaba mi polla a mi antojo y en alguno de los empujones me di cuenta que quizá era demasiado enérgico para él, pero no me importaba, hacía tan sólo unos minutos él había intentado hacer lo mismo con su frígida exnovia. el caso es que Cristo se estaba sometiendo a mis deseos sin rechistar y eso se agradecía teniendo en cuenta el subidón que tenía.
Tras limpiarme bien el rabo de todo lo que estaba tirando por la punta, me decidí a dar el golpe de efecto y solté su cabeza de un empujón, me coloqué entre sus piernas y se las subí hasta ponerlas abiertas sobre mis muslos. Unté con bastante saliva mi mano derecha y me fui directo a su ojete. Lo manoseé varias veces, procedí introduciendo un dedo primero. Estaba lo suficientemente excitado como para que le metiese otro más y así lo hice. Con un poco más de cuidado comencé a darle movimientos hacia dentro y hacia afuera que se acompasaban con suspiros de placer por su parte. No dijo nada, eso era buena señal. Elevé un poco más sus piernas e hice el acoplamiento para empezar a encajarle mi rabo en su culo. Con la ayuda de mi mano busqué su orificio anal y ajusté mi polla, fui con mucha delicadeza tanteando hasta que el esfínter cedió y dejó entrar la cabeza de mi polla. Me detuve, sentí como su ojete palpitaba intentado adaptase a su nueva abertura y una vez que lo vi más relajado seguí en mi intento de penetrarlo. Poco a poco mi polla incandescente fue adentrándose en su culo centímetro a centímetro y por sus gestos y gemidos él fue cada vez dejándose llevar más y más hasta tenerla por completo dentro. Me gustaba mirar su polla, cómo se movía hacia arriba y soltaba alguna que otra gota de presemen. Lo cogí con uno de mis dedos y se lo puse en los labios. Sin sacársela me abalancé sobre él y lo besé intensamente. La mezcla del líquido transparente con nuestras salivas era más que deliciosa, y desde ahí empecé a dar pequeños empujones lentamente, Notaba como su ojete se resistía un poco pero dejaba la suficiente olgura para que el roce e mi polla fuese superexcitante para ambos. Una metida, y otra, y para afuera suavemente y otra vez para dentro, ummmmm, el momento era espectacular, indescriptible. Fui acelerando el movimiento de mi pelvis incrementando así el roce y por supuesto el placer. Me levanté y lo agarré de las piernas para poder manejarlo con más soltura, y seguí dándole pollazos a diestro y siniestro, cada más fuertes. Cristo se agarraba a las sábanas sin darse cuenta de qe las podía rajar. Daba igual, el placer lo inundaba todo. De vez en cuando le daba un meneo a su polla pero me detenía porque le daba demasiado gusto y seguía siendo demasiado pronto para terminar con aquello. Por eso decidí cambiar de tercio para alargar la jugada. Saqué la polla y le di media vuelta, lo levanté por las caderas y adoptó la postura a cuatro patas. Con las cachazas de su culo agarradas por mis calientes manos, le abrí la raja, y sin tocarme la polla en esta ocasión, ella sola buscó su camino y volví a metérsela hasta el fondo de una sola batida. Sin dejar de agarrarle el culo, lo cogí también por el pelo y le eché la cabeza hacia atrás. Lo estaba montando como si fuese un puto caballo a mi servicio. disfrutaba como un cerdo siendo follado sin piedad. Le daba pollazos profundos como para reventarlo por dentro, pero él se tragaba el placer mordiéndose los labios para evitar cualquier tipo de sospecha entre el resto de la familia que permanecía inocentemente dormida ante tan lujuriosa situación. Tenía la polla al rojo vivo, me ardía. Su estrecho ojete hacía que el gusto fuese en aumento hasta que sentí que aquello no podía ir mucho más allá, así que terminé por adoptar la última postura para mayor comodidad de ambos, para que pudiesemos estar centrados única y exclusivamente en sentir el mayor de los placeres. Saqué la polla lentamente y me metí entre sus piernas, sólo tuve que bajar sus caderas para acoplar de nuevo su culo a mi polla y que se sentara sobre ella. Para mi sorpresa detuvo mis movimientos de metida posando sus fuertes manos sobre mis caderas y empezó a mover las suyas a un ritmo creciente metiéndose y sacándose mi polla con sus sugerentes movimientos. Parecía mentira que fuese la primera vez que se lo follaban, pero el chico aprendía muy rápido, así que le dejé hacer a su manera, y frotando, frotando, me iba poniendo cada vez más cachondo. Al tiempo que él me pajeaba con su ojete yo le hacía lo propio con mis manos a su polla. La tenía my dura, durísima. Fuimos acelerando ambos la marcha hasta que no pudo más y soltó unos lechazos increíbles que me llegaron hasta el cuello. Se comía los gemidos como podía pero el placer que sentía era brutal. De ver aquella escena no pude contenerme y solte toda mi leche en su culo que no paraba de mover. Y venga, y venga, sin parar los dos. Y seguía saliendo leche, gotas gordas, densas y calientes que mojaban mi barriga y mi pecho y rellenaban su culo precioso. Poco a poco y al mismo tiempo fuimos deteniendo la marcha de nuestros cuerpos hasta que su poderoso torso se derrumbó sobre el mío fundiéndonos en un caluroso y pegajoso abrazo que mantuvimos hasta que veíamos que nos dormíamos.
Antes de separarnos nos dimos un cálido y jugoso beso para sellar con saliva y semen aquella apoteósica noche que él había jurado no volver a repetir. A mí me seguía quedando la esperanza de que su juramento fuese tan firme como la promesa de no volver a repetir lo que sucedió el lunes en la Cala Virgen.
Se pasó a su cama y nos dimos las buenas noches. El silencio se hizo en la habitación hasta la mañana siguiente en la que la luz del día nos despertó con los cuerpos cicatrizados por lo ocurrido durante la noche. Varios moratones en su cuello por mis vampíricos mordiscos y nuestros pechos con los hilos resecos de su semen.
Disimulamos una buena resaca ante mis padres y el resto del día estuvo dedicado a recoger enseres para poder partir a casa.
Cristo se quedó junto al coche de mis padres hasta que cerré la puerta y vi en sus ojos una mezcla de melancolía y resignación cuando se fue hacia el coche de Sara, se sentó a su lado sin dejar de mirarme y cerró la puerta de un tímido portazo.
El camino de vuelta fue largo y sin más descanso que el de un par de gasolineras absurdas en medio de la nada. Luego cada uno a su casa y ahora no sé que hacer. Hace días que no tengo noticias de él. Mi hermana me ha dicho que no ha vuelto con Sara pero que lo ha visto algún día de paso y que preguntó por mí. Le dijo que me llamaría, que tenía ganas de verme. Yo sigo mi vida y por supuesto, espero que pronto llame a mi puerta y podamos revivir alguno de los mejores momentos de aquellos días de verano.
FIN

05 octubre 2007

Aquellos días de verano IV

Capítulo cuarto: “La Cala Virgen”

Y así fue, salimos del agua, nos pusimos los bañadores y nos acercamos a las chicas. Ellos se apartaron un poco para hablar y mi hermanita Arantxa y yo nos dedicamos a cotillear sobre lo sucedido. La noche no duró mucho más, por mí estaba todo hecho……


……..Tan sólo restaba ya una semana para que finalizasen las vacaciones de verano. Cristo seguía sin mojar el churro y yo aun menos, pero de lo que sí estaba seguro era que disfrutaba más del cuerpo de Cristo que su propia novia, aunque no fuese al nivel que a mí me gustase.

Los encontronazos con Sara por no querer ir más allá con él en cuestión de sexo se fueron repitiendo día sí y día también y la desesperación de Cristo crecía y crecía. Esa última semana ya ni parecían novios, habíamos hecho unas migas dignas de unos amigos para siempre.

Tomamos afición por acercaros a una cala virgen lejos de las casas donde apenas acudía público. Dando un repaso al tipo de gente que se veía por allí te podías dar cuenta de que la mayoría eran personas solitarias, apenas había parejas y por supuesto ningún grupo. Íbamos sobretodo por las tardes, tomábamos el sol, fumábamos y charlábamos de nuestras cosas. A mí se me hacían cortas. De vez en cuando nos remojábamos en el agua para bajar la temperatura de nuestros cuerpos achicharrados por el sol, aunque al mío en concreto le venía muy bien para bajar también el calentón que tenía cada tarde al tener tan cerca de Cristo.

Nos gustaba quedarnos hasta el ocaso. La tarde del lunes fue muy especial, cuando el sol se iba despidiendo de todos los solitarios hasta el próximo día en el que prometía volver a posarse sobre sus pieles nunca demasiado broceadas, Cristo y yo nos empezamos a sentir cada vez más solos y más unidos. Nos reíamos recordando aquella barbacoa en la que nos hicimos un pajote y a ambos nos dio una extraña sensación de deseo que por supuesto empezó expresando él, yo nunca me hubiese atrevido a pesar de las ganas.

Cristo: pues nos hemos quedado solos. ¿Te quieres ir ya?
Dani: Por mí no tío, yo estoy muy a gusto.

Entonces Cristo miró hacia ambos lados, y apercibiéndose de seguir solos, se quitó el bañador de un tirón y lo dejó arrugado a su lado. Se dio la vuelta y se acostó bocabajo frente a mí con una pícara sonrisa de chico malo. En su cuerpo, muy moreno ya a esas alturas de verano, resaltaba su pandero blanquito y sin un pelo entre su larga espalda y sus fornidas piernas.

Dani: ¡Cómo mola! –yo le seguí el juego e hice lo mismo y me senté a su lado-.

Ambos estábamos desnudos, bocabajo y mirando al mar. Seguimos charlando un rato y cómo no, salió el tema del sexo a colación, no podía ser de otra manera estando en bolas.

Cristo: Ufff, tío, me pongo más cachondo cuando e quedo en bolas en un lugar público. Se me pone morcillona.
Dani: A mí también, mira –ahí sí que fui atrevido, levanté un poco mi cuerpo para que se me viese la polla y Cristo me echó un ojo que no retiró hasta que me volví a posar sobre la toalla-.
Cristo: Joder, qué pollón se te ha puesto colega, mira el mío –él hizo lo mismo y yo como es obvio no perdí la ocasión- Tío no sé si te has dado cuenta, pero yo siempre te estoy hablando de mis rollos y tú nunca cuentas nada.
Dani: Y qué quieres que te cuente –mal rollo pensé yo-. Mi vida sexual no es nada atractiva, me mato a pajas y cuando surge no pierdo la ocasión.
Cristo: Pues este verano tú tampoco te has comido ni un rosco, nene, porque hemos estado juntos todo el tiempo y no te he visto ni tirarle os tejos a una piba.
Dani: Yo es que no soy de tirar tejos, yo sólo aprovecho las ocasiones, si se ponen a tiro pues allá que voy, pero reconozco que no me esfuerzo mucho.
Cristo: Ufff, qué calentón tengo tío. Podríamos hacer un agujerito en la arena y follarnos la playa, ja, ja, ja.
Dani: Qué fuerte, qué cosas se te ocurren estando yo aquí.

Me lo jugué todo a una carta. La amistad con Cristo había llegado a cotas muy altas y aun a riesgo de perderla, pensé que tenía que cumplir con mis principios y ponerme a tiro, sólo hacía falta que él no se lo tomase a mal o me follara a saco.

Cristo: ¿Qué dices tío? ¿Te va ese rollo? –dijo en tono sarcástico-. Si ya decía yo que me miras mucho cuando me desnudo –dijo pasándome la mano por la espalda hasta llegar a cogerme una nalga apretándola con la típica sorna hetero haciendo mariconadas-. Entonces ¿te parece bien que en vez de follarme a la playa utilice este culito tieso que tienes?

Dani: ¿Qué pasa? Te gusta eh –yo ya estaba lanzado- A ver, levántate que vea los efectos que ha tenido en tu polla este cachondeo.
Cristo: Ja, ja, -se rió y soltó mi culo de golpe sin levantarse-. Ya te dije que si fuera gay no me lo pensaría, este verano estoy demasiado cachondo todo el día.
Dani: A ver esa polla, cabrón –lo empujé para que levantase su cuerpo y aunque se resistió un poco al final se quedó de lado y su polla estaba dura como una piedra y hasta con una gotita de líquido preseminal en la punta-. Ya veo que sí te gusta, la tienes chorreando.
Cristo: Ja, ja. ¿Quieres? –dijo apretándose la polla y escurriendo todo el líquido que contenía su uretra-.
Dani: A ver a que sabe eso….. –como si no lo supiera-.

Me agaché y él no se movió, le cogí la polla y le recogí con la lengua la supergota que brotaba de su polla y la saboreé. Al principio se quedó paralizado, pero no dijo nada. Lo miré y puse cara de gustarme su néctar, así que ante su invitación a seguir, me deslicé en la toalla hasta coger la polla y los huevos a dos manos y me la metí en la boca. Empecé con varias arremetidas fuertes que le produjeron temblores y varios gemidos. Luego seguí un poco más suave, rodeando su glande con mi lengua y chupando sus cojones suaves y gordos. No paraba de mirar cómo se lo hacía, estaba como alucinado. Me metía su polla hasta el final y ahí empezó a decir algo.

Cristo: Ufff, qué bueno tío, cómo la mamas, sí, si, sigue, hasta dentro, cómetela toda tío, qué gustazo, uffff.
Dani: No sabes cuanto he deseado este momento, ya pensaba que te ibas y no te iba a poder pillar –dije para coger aire y seguir mamando-.
Cristo: Para tío, para, -dijo quitándome la cabeza de su polla-.
Dani: ¿Qué pasa? ¿Te vas a arrepentir ahora?
Cristo: No tío, si me ha gustado mucho, pero es que me iba a correr si seguías.

Entonces me subió a la misma altura en la que él estaba y se fue él para abajo, agarró mi polla y con sumo cuidado se la metió en la boca. Daba pequeños lengüetazos como con timidez. Parecía que estaba intentado saborear primero por si no le convencía. Entonces me agarré los cojones y me apreté la base de la polla, y una enorme gota transparente asomó por mi uretra y Cristo la recibió en sus labios. Se pasó la lengua por ellos y exclamó un susurro: .-joder, qué cosa más rica.

Después de probar aquello, se empeñó a saco con mi polla. Me agarraba fuerte los huevos para intentar sacarme más, y se la metía todo lo que podía en la boca. La tenía muy caliente, mi polla y yo estábamos encantados con el calor y la humedad de su garganta. Quizá por esperarlo tanto yo también tuve que detener su mamada porque me iba a correr si seguía con tanto entusiasmo y no quería terminar con aquello tan pronto, con lo que me había costado.

Se subió a la misma altura y le miré los pezones, comencé a comérselos, primero el derecho, luego el izquierdo. A él se le nublaban los ojos, mientras le comía las tetas y le hacía un pajote tranquilo. Sin dejar de comérselos le metí la mano entre los muslos, mi objetivo era tocarle el ojete. fui sorteando los huevazos y cuando mi mano desapareció de la vista encontré sus nalgas duras como piedras que me impedían el paso hacia el interior de la raja. Las acaricié un buen rato, sus gemidos crecían más y más y me agarró la polla en señal de sumo placer. Poco a poco fui entrando entre sus glúteos y fui notando la raja sudorosa y caliente con mis dedos. Entre sus gemidos podía entender: .-no tío, eso no, no puede ser-. Pero el cabrón no me detenía en serio. Alcancé por fin su esfínter y lo traté con mucho cuidad. Primero lo acaricié de arriba abajo, y luego haciendo círculos concéntricos hasta que la yema de mi dedo corazón empezó a notar permiso de entrada. Entre el sudor y su lubricación natural por la excitación, el ano de Cristo de estaba dilatando por el placer. Bajé desde los pezones hasta la polla y de nuevo seguí mamándole el rabo. De repente hizo un buen progreso y se removió para abrir las piernas y en consecuencia, su culo se vio más liberado y abierto. Estaba encantado, gozando, y yo mucho más claro.

Como lo veía claro, dejé su polla y me fui hasta su culo sin dejar que mi lengua dejase su piel, así que desde el glande recorrí todo lo largo de su nabo, lameteé sus huevos, pasé por su perineo hasta llegar a su hermoso y jugoso ojete. Mi lengua empezó a saborear el gusto de su ano, entró y salió varias veces y lo rodeaba proporcionándole un placer que se hacía visible en sus gemidos y su rostro. Al mismo tiempo uno de mis dedos empezó a pelear con mi legua por entrar en su ojete y cuando notó que entraba demasiado se retorció y dijo: .-Para tío, para, no sé yo si estoy preparado para esto, eh.

Dani: Tranquilo, no te la voy a meter, sólo estaba jugando y se ve que te gusta, no puedes negarlo.
Cristo: Claro que me gusta tío, nunca había sentido nada igual con ninguna tía, pero es que me he asustado un poco.
Dani: Bueno, si quieres lo dejamos.
Cristo: No, tío, ahora no, sigamos con esto, aprovechemos la ocasión, eso dices tú ¿no? Pero déjame probar a mí ahora.

Entonces cambiamos los papeles y Cristo empezó a comerme los pezones como un poseso mientras me pajeaba, me puso boca arriba y se puso sobre mí. Fue bajando por mi pecho y mi barriga hasta que llegó a mi polla. empezó a mamármela a saco hasta las trancas y mientras comenzó a jugar con sus manos entre mis cojones y mi culito. Yo levanté las rodillas y dejé más al aire mi ojete que no tardó en alcanzar. Mi ano estaba muy dilatado sólo de imaginar lo que le esperaba, yo sí que estaba preparado para recibir su polla, la había estado esperando todo el verano. Sin avisarme me metió el dedo índice y luego el corazón, al ver que estaba muy abierto lo intentó con los dos, pero me rozaba demasiado así que le dije que me pusiera algo saliva, así que echó un par de lapos en su mano y me embadurnó bien el ojete y siguió con su trabajo anal. Yo podía ver todo lo que me hacía y veía su polla entre mis piernas cómo le goteaba. estaba tan caliente que no quise alargar más el momento, quería correrme con su polla dentro de mí, así que levanté un poco más mi culo y lo traje hasta mi pecho. Su polla enseguida rozó entre mis nalgas y la sentí caliente, dura y mojada. No me dijo nada, sólo me miraba excitado y jadeante. entonces le planté un beso en los morros y él siguió con muchísima pasión. Mientras, yo le agarré la polla y la puse en la entrada de mi ojete y encajó a la perfección enseguida. Sólo tuve que abrir el ano un poco y empujar para que entrase se cabeza. Cristo dio un gemido en señal de gusto por estar entrando en mí, y entonces entendió que había camino libre y apretó su culito blanco para metérmela más, y más, hasta que entró entera. Empezó a bombearme el culo a un ritmo suave.

Cristo: Joder tío, uffff, qué gusto, qué culito más caliente tío, cómo me gusta, uffff, esto sí que mola.
Dani: Sí, tío, fóllame, venga, acelera que me folles hasta el fondo cabrón.

Los empujones eran cada vez más fuertes y enérgicos y mi culo se abría cada vez más. Mi placer era incalculable, me estaba abandonando de tal manera que había perdido la noción del tiempo y el espacio. en cualquier momento podría haber llegado alguno de los solitarios huéspedes de la playa para estropear nuestro encuentro, pero me daba igual, nunca se me pasó por la cabeza mientras su polla investigaba mi culo entrando y saliendo. Cristo no paraba de decirme cosas guarras y cachondas mientras me besaba y me follaba y mi excitación llegó a un extremo en el que no pude aguantar más y sólo con la follada que me estaba dando sentí como se acercaba el orgasmo. Le dije que se levantase un poco y que mirase y no parase de meterla.

Dani: Voy a correrme tío.
Cristo: Pero si ni siquiera te la he tocado.
Dani: Sigue tío, estoy tan cachondo que voy a correrme sin tocármela, fóllame.

En tres envestidas más empezaron a saltar chorros blancos y calientes de semen de mi polla llegando hasta mi propia cara. Esto le puso tan cachondo que cristo empezó a dar gemidos más roncos cada vez hasta que también se corrió.

Cristo: Joder, qué bueno tío, qué fuerte, no puedo más, voy a correrme.

Cristo hizo el además de sacarla de mi culo pero yo se lo impedí agarrándolo de la cintura y llenándome por dentro las entrañas con su prodigioso lefote dulce y caliente.

Nuestros cuerpos sudorosos se quedaron pegados y callados durante algunos minutos. Tenía sobre mí a Cristo, sus labios rozaban mi cuello mientras yo empezaba a ver las primeras estrellas de la noche. Pero se rompió el silencio para romper con aquella situación.

Cristo: ¿Nos damos un baño para limpiarnos?
Dani: Claro, que se está haciendo muy tarde y la peña va a empezar a mosquearse.

Nos metimos desnudos en el agua y nos limpiamos de semen, porque íbamos completamente manchados. Salimos del agua, nos secamos y nos vestimos y sólo dijimos algo más sobre lo ocurrido.

Cristo: Nunca pensé que podría pasar algo así, tío.
Dani: No le des más vueltas, lo hemos pasado bien, ahora haz como si no hubiese pasado nada. Actúa con normalidad. Esto será nuestro secreto, ¿vale?
Cristo: Vale.

Me miró, se acercó a mi cara y me dio un beso en la boca que me hizo sentir que lo nuestro no se acababa en aquella playa. La Cala seguía virgen y aunque Cristo había pasado en ese atardecer a la lista de los desvirgados en el sentido gay de la palabra, su culito seguía intacto y no podía pensar en que las cosas quedaran así.

Después fuimos a casa y después de una pequeña reprimenda de mis padres por la tardanza pasamos el resto de la noche comiendo pipas con las chicas en las escaleras de la playa de la urbanización como casi cada noche de aquel tremendo verano.

[continuará]

27 junio 2007

Aquellos días de verano III

Capítulo tercero: "Barbacoa nocturna".
Qué morbo me dio saber que tan sólo hacia media hora, estaba yo haciendo lo mismo que él, en el mismo lugar y con sus calzoncillos sobre mi cara....

…… Pasó el fin de semana sin pena ni gloria. Un fin de semana más. Aprovechamos para salir de marcha las noches del viernes y del sábado y como era costumbre, Cristo y Sara se perdieron hacia las tres de la mañana para buscar el ratito de intimidad que nunca podía encontrar en familia. De todas formas creo que de poco les servía, al menos a él, porque Sara estaría supercontenta de hacer petting con Cristo de vez en cuando, pero él empezaba a estar ya un poco harto de ver que se estaban acabando las vacaciones de verano y todavía no había podido hacer con ella más que empalmarse, restregarse, morrearse y quedarse con un dolor de huevos que siempre tenía que satisfacer con insípidas masturbaciones en un aseo ajeno y en silencio.

Ya el lunes en la playa volvimos a pasar el día jugando a las palas, retozando en la arena y echando unas cartas después de comer.

Hacía mucho calor, la tarde empezaba a pintar aburrida y se me ocurrió que podríamos hacer una barbacoa a la luz de la luna en un trozo de playa más alejado del habitual, así no tendríamos a los padres al acecho, como de costumbre. A la peña le pareció bien, así que compramos algo de comer y bebida para amenizar la cosa.

Cristo se encargó de la parrilla y yo de hacer una sangría de cojones. Las nenas se entretuvieron con la música mientras él y yo hablábamos de nuestras cosas.

Cristo: Mírala, me encanta cuando se ríe, pero Sara empieza ya a desesperarme.
Dani: ¿Y eso?
Cristo: Tío, se acaba el verano y aún no he mojado el churro.
Dani: Bueno, a lo mejor necesita más tiempo para eso, además, no te flipes con meterla tío, puedes estar contento con que te la mame de vez en cuando.
Cristo: ¿Qué? Ja, ja, ja, ja, ja. ¿Pero qué dices, mamármela ella? Pero si ni siquiera me la ha visto. Como mucho lo único que ha hecho ha sido sentirla por fuera del bañador y porque yo me he arrimado para restregársela.
Dani: Joder, pues sí que es para desesperarse, sí.
Cristo: Veremos a ver lo que dura esto, porque no sé si podré aguantar mucho más, siento que estoy perdiendo el tiempo, que estoy desaprovechando ocasiones.
Dani: ¿Qué pasa que te han tirado los tejos últimamente?
Cristo: Pues sí, tío, en la playa no hay día que una piba me eche el ojo y me mire con carita de zorra, por no hablarte de los tíos, me pegan cada repaso que me da hasta vergüenza. Seguro que si fuera gay estaba follando a destajo.

Se me paró el corazón en ese momento. Me preguntaba si en alguna ocasión se habría percatado de mis repasos, ¿habría sido incauto en algún momento?, ¿me había pillado y no me lo decía por respeto? Me puse un poco nervioso y casi vuelco la jarra de la sangría, pero me recompuse y seguí meneando la sangría y tirándole de la lengua ahora que estaba caliente la cosa.

Dani: Pues seguro que si fueses gays follarías lo que te diera la gana, ya sabes que a ellos les gustan los buenos cuerpos, y tú estás bastante cachitas. Así que ahora eres el rey de la playa eh, no me lo habías dicho antes.
Cristo: Bueno, no es plan de ir por ahí flipando de eso, ¿no? Pero mira, con el calentón que me acuesto todas las noches cualquier día de estos ten cuidado que si veo un agujero caliente ni me lo pienso, así que será mejor que duermas con el culo pegado a la pared, ja, ja, ja.
Dani: Lo tendré en cuenta cabronazo….

Joder qué subidón me dio. Aunque sé que estaba de coña, sólo el hecho de que lo dijese me puso muy cachondo y noté mi polla morcillona dentro del bañador. Entonces me tiré al rollo y seguí picándolo.

Dani: Oye, se me ha ocurrido una idea. Si quieres que Sara al menos te vea la polla y sienta rabia por lo que se está perdiendo, luego podemos darnos un baño en bolas en la playa. El agua está de puta madre y caliente, seguro que no se niega.
Cristo: Joder, mola tío. Buena idea. Y con la excusa de estar en bolas en vez de rozarla con el bañador la sentirá piel con piel.

Las chicas llegaron entonces con mucha hambre y sed, así que se nos cortó el rollito íntimo que teníamos. Nos pusimos a jalar salchichas y morcillas como cerdos y a beber sangría como cosacos. A falta de sexo la comida y la bebida era lo único que nos satisfacía. Cuando la cosa se empezó a poner tonta y el alcohol ya estaba desinhibiendo nuestras mentes, llegó el momento clave de la noche. Le guiñé el ojo a Cristo y éste dijo;

Cristo: Dani, ufff, ¿no tienes calor?
Dani: Sí tío, entre la fogata y la sangría tengo la cara roja.
Cristo: Chicas, nosotros vamos a darnos un bañito, el agua debe estar de puta madre, ¿os animáis?
Sara: Pero qué dices, ni de coña, yo no tengo calor.
Arantxa: Sí venga nena, anímate.

Pensé en ese momento que podría ser terrible, yo con Cristo en el agua a solas estaría muy bien, pero con mi hermanita él nunca se quitaría el bañador si no entraba Sara.

Cristo: Menuda estrecha estás hecha nena, siempre igual.
Sara: Y tú eres un imbécil.

Cristo se levantó y se fue hacia la orilla de la playa haciendo eses, y yo decidí acompañarlo con la excusa de la seguridad, no fuera a ahogarse. Arantxa se quedó con Sara en plan compañera de fatigas para consolarla por el desplante de Cristo.

Entré en el agua poco a poco hasta que llegué a la altura de Cristo. El agua nos cubría hasta la cintura.

Dani: Qué mal rollo tío, al final no ha sido buena idea.
Cristo: Qué va, ha sido una idea de puta madre, lo que pasa es que esta tía va de un rollo rarísimo. ¿Qué pasa, que no le gusto?, ¿es que no soy guapo?, ¿me falta algo?, ¿no estoy bueno?

Yo mismo se lo hubiera negado todo sumergiéndome en las profundidades marinas y mamándole el rabo para consolar su borracherón acuático pero simplemente me limité a consolarlo como un amigo.

Dani: Venga no te rayes que ya estás delirando tío. Simplemente tiene sus límites y necesita más tiempo para ciertas cosas.
Cristo: Y una mierda. He estado con más tías y no han tardado ni dos noches en abrirse de piernas deseándome en todos los sentidos. Le voy a enseñar lo que se pierde, joder, ahora me va a ver el rabo quiera o no.

Entonces se agachó y se quitó el bañador. Lo lió en su mano y con fuerza lo lanzó hasta la orilla gritando: ¡Sara, para que veas lo que te pierdes!; Y se puso a dar botes saliendo del agua hasta las rodillas. Yo estaba detrás de él y sólo podía ver su culo perfecto a contraluz. Ya estaba poniéndome muy nervioso. Mis planes estaban funcionando como esperaba, pero estaba muy agresivo y muy borracho.

Ellas ni respondieron. Cristo se dio la vuelta y se vino hacia mí. Cuando se acercaba pude verle el nacimiento de su polla entre el vello púbico pero enseguida se sumergió todo como el Titanic, qué triste ¿no?

Cristo: Nada, esta tía no se entera, bueno, que le den. Paso de ella, mañana mismo me estoy enrollando con la primera piba que me eche el ojo en la playa.
Dani: Pero qué dices, estás de vacaciones con sus padres.
Cristo: Ya, pero ahora duermo en tu casa, no me vas a tirar por eso, ¿no?
Dani: Hombre claro que no tío, pero a su familia no sé cómo le sentará todo esto y ya sabes que lo hacemos casi todo juntos. Relájate anda –le dije dándole unas palmaditas en la cara y el cuello- y disfruta del bañito aunque sea a solas conmigo.
Cristo: Claro que sí, pero hay una cosa que tengo que hacer.

Entonces se sumergió y desapareció de mi vista. Como todo estaba bastante oscuro no sabía dónde se había metido y de pronto, me pegó un susto de muerte. Me dio la vuelta y por detrás me agarró de la cinturilla de mi bañador y me lo bajó de golpe hasta los tobillos. Yo me revolví más del susto que otra cosa y luché por evitar que me desnudase, aunque lo estaba deseando, pero había que disimular. Entonces aproveché para tener el mayor contacto físico con él durante la disputa. Y lo agarré para traerlo hacia mí. Salió a flote para respirar y se descojonaba y volvimos a sumergirnos esta vez los dos. Mi bañador seguía atado a una de mis piernas y yo luchaba por no perder el contacto con él. Lo agarré de uno de sus muslos y lo apreté con fuerza. Ufffff, que muslos, fuertes y duros. Aproveché para tocarle culo y para que no se notase lo hice con el codo, qué gilipollas, ¿no?, pero no quería estropearlo, así que mi codo se metió por entre sus nalgas mientras le tenía pillado por la pierna, apenas sentí la existencia de vello en la raja de su culo. Mientras él no se cortaba un pelo, me agarraba de la cintura para hundirme más, y en una de esas me agarró con una mano una de las mollas del culo con fuerza para quitarme el bañador con a otra. Nuestros cuerpos se movían alborotados dentro del agua salada y cálida. Era una lucha cuerpo a cuerpo infernal no sólo por la fuerza empleada sino por la temperatura que estaba adquiriendo el momento. Noté que entre tanto sobeteo mi polla empezó a trempar y pensé que tendría más posibilidades de rozarlo, y así fue. Me di la vuelta como pude y mi cuerpo quedó boca arriba, por un momento dejé de ejercer fuerza para que pudiese terminar de quitarme el dichoso bañador. Camino de mis tobillos se encontró con mi polla casi dura del todo y me la rozó con los brazos y todo el torso hasta que me sorprendí cuando noté igualmente su rabo duro rozar mi costado.

Cristo: Joder, no me imaginaba que tuvieses tanta fuerza, no lo aparentas.
Dani: Estoy delgado pero debajo de esta pinta soy un toro, nene.
Cristo: Ya veo. Bueno. Al fin me hice con ellos. Así que, hala, a la orilla –dijo haciéndolo un lío en su mano y lanzándolo fuera del agua.
Cristo: ¿Tú te has corrido alguna vez en el mar?
Dani: Claro, mola ver como sale el semen y flota como una medusa.
Cristo: A mi se me ha puesto un poco dura tío, y yo tengo que quitarme el calentón que llevo. ¿Te hace un pajote?
Dani: Yo ya me la estaba meneando, es que en cuanto te quedas en bolas dentro del agua lo que apetece es sobártela.

Y así empezamos los dos a masturbarnos. Estábamos uno enfrente del otro, como él tenía las farolas del paseo marítimo a sus espaldas no podía verlo con claridad, así que me fui poniendo poco a poco a su lado para poder ver algo. Lo curioso era que Cristo no paraba de mirar hacia abajo, hacia mi entrepierna, se pajeaba y mientras, hablaba maravillas de sus pajotes más extraordinarios, pero no dejaba de mirar hacia mi polla. Incluso cuando me puse a su lado siguió haciéndolo alternando miradas hacia mi polla y la suya. Fuimos reculando para que el agua no nos cubriese tanto y poder observar la salida del semen con más nitidez, eso también hizo que pudiésemos ver nuestro rabos duros con mayor claridad. Entonces Cristo se levantó un poco e hizo el periscopio. Se puso haciendo el muerto y su rabo apareció de entre las aguas duro, recto y con todo el prepucio hacia atrás. Sus cojones también lo acompañaron en el viaje y los pude tener a menos de medio metro de mi cara. Ganas me dieron de tirarme derecho a clavármela en la boca, pero seguí reprimiendo mis impulsos. Entonces se volvió a colocar como yo y empezamos a darle más caña a la polla.

Cristo: Uffff, qué gustito tío, y además noto cómo al apretar el rabo del gusto se me abre y se me cierra el ojete y es como si me entrase agüita, ufff, qué gustazo tío.
Esos comentarios tan morbosos me dieron la puntilla para llegar al orgasmo casi sin tocarme.

Dani: Sí, yo estoy que me corro tío.
Cristo: Venga, qué te parece si sacamos las pollas del agua para corrernos. Dentro del agua no se va a ver nada, al menos lo vemos saltando.
Dani: Venga, ufff, yo ya voy. Ahhhhhhhahahhhhhhahhhhhhahaahhha.

Me incorporé y saque todo mi rabo del agua y sin tocarlo, empecé a soltar chutazos de lefa a saco, uno, y otro, y otro, hasta seis tiré de los buenos. Estaba muy cachondo, demasiado. Cristo se flipó de ver aquello y se ve que le excitó muchísimo porque mientras salía mi lefote del rabo no paraba de decir cosas;

Cristo: Guau, tío, que salivazos, parece un cañón, qué fuerte, uffff, qué buena corrida, ¿aún tienes más? Joder, yo no suelo soltar tanto, a ver, que voy, ahahahahaaaaaaaa, sííííííííí………

Y Cristo hizo lo mismo, sacó el rabo del agua y empezó a soltar lechazos a diestro y siniestro. Los suyos no fueron ni tan caudalosos ni tan numerosos como los míos, con tres buenos lechazos se acabó su fuente, pero yo me quedé con la boca abierta de haber conseguido más de lo que esperaba aquella noche, la verdad.

Tras relajarnos un poco y comentar las corridas, nos pusimos a hablar sobre lo que había sucedido antes de entrar al agua y Cristo decidió pedirle perdón a Sara para limar asperezas. Yo lo animé a ello porque en el fondo me beneficiaba ya que eso haría que él siguiese estando allí hasta el final del verano.

Y así fue, salimos del agua, nos pusimos los bañadores y nos acercamos a las chicas. Ellos se apartaron un poco para hablar y mi hermanita Arantxa y yo nos dedicamos a cotillear sobre lo sucedido. La noche no duró mucho más, por mí estaba todo hecho……

[continuará]

29 mayo 2007

Aquellos días de verano II

Capítulo segundo. "El aroma enloquecedor".

Y así me quedé, dormido entre las sábanas frescas de algodón, y dejando que mi semen, se resecara sobre mi piel hasta la mañana siguiente en la que……

…… un terrible pesadilla me despertó. En ella Cristo se había percatado de mi pajote entre las sábanas y se levantaba hecho una furia destapándome y avisando a mis padres de mis fechorías sexuales a su costa. Pero no, menos mal que sólo fue eso, una maldita pesadilla.

Giré la cabeza y vi que no estaba, sólo sus sábanas algo revueltas dibujaban la huella de su cuerpo. Me levanté y me acerqué a ellas, ummmmmmm, aún permanecía su olor impregnado en el algodón. Entonces, al incorporarme noté un fuerte pellizco en mi abdomen.

Dani: Joder, se me había olvidado, la corrida.

Me puse una camiseta para salir hasta el baño, porque el lefote había formado una fina capa sobre mi barriga y no era plan de salir con la manchita. Al salir del baño ahí estaba mi querida familia, desayunando como cosacos en la terraza del apartamento. Me extrañó no ver a Cristo, pero no pregunté para que mi interés no se notara mucho, ya se encargó Arantxa de decirme que se había ido bien temprano a correr por la playa, y fue decirlo, y aparecer el maromazo.

Cristo: Hola familia.
Dani: Buenos días, menudo madrugón, ¿no?
Cristo: He dormido de un tirón, después de una semana de sofá, una cama se agradece mogollón.

Cristo se veía renovado, como el que se levanta, echa un polvo y se da una buena duchita. Lástima que la corrida sólo hubiese sido individual y la suya fuera a base de mover las patitas por la playa y no el rabo.

Mamá: Anda, date una ducha y desayuna que tienes que reponer fuerzas.

Mi madre siempre tan proteccionista con los jóvenes. Cristo le hizo caso y se metió para las habitaciones, y entonces se me encendió la luz. Seguramente entraría al baño y se quitaría los pantalones de deporte y sus respectivos calzoncillos. Tenía que intentar hacerme con ellos como fuera, me apetecerían más que el cruasán que estaba masticando.

Con mucha pachorra me levanté de la mesa, le di un trago al zumo y entré a las habitaciones con mi cruasán a medias. Escuchaba a Cristo trastear en la habitación y ni si quiera tuve que entrar para verlo. Él mismo abrió la puerta y en voz baja me dijo:

Cristo: ¡Ey! Dani.
Dani: Dime, tío. ¿Qué pasa?
Cristo: Es que no quiero que parezca que soy aquí un coñazo, pero mi toalla de playa está mojada todavía y no sé dónde tenéis las de baño.

Mientras me hablaba permanecía con el cuerpo tras la puerta. Se notaba que llevaba el torso desnudo, pero debajo no sabía si llevaba algo.

Dani: Espera, no te preocupes, ahora te consigo una y te enciendo el calentador.

Salí a la galería y pillé mi toalla favorita, así cuando mi madre me la pusiera en el cuarto, siempre podría recordar que una vez Cristo se secó todo su cuerpo con ella y una parte de él siempre seguiría conmigo. Mientras volvía a la habitación me quedé paralizado. Ese pensamiento me asustó. “¿Me estaré enamorando, joder?”, “Joder, si yo sólo quiero follármelo”. Agité mi cabeza para que se fuera y sin llamar entré en la habitación.

Cristo: Joder, qué susto tío. ¡Cierra!
Dani: ¿Qué pasa?
Cristo: Tío, que estoy en gayumbos, a ver si me van a ver tus padres o tu hermana y la liamos. Encima que me estáis haciendo un favor no me gustaría incomodarlos.
Dani: Ah, no te preocupes, en mi casa estamos acostumbrados a andar en bolas sin problemas –mentira cochina, pero bueno- lo que pasa es que ahora se cortan porque estás tú, y te lo agradezco eh, porque no es muy agradable ver las tetas caídas de tu madre o las bolas peludas de tu padre por ahí danzando.
Cristo: Vaya, qué fuerte. No me lo imaginaba. Pero vamos, que entonces me dejas más tranquilo.
Dani: Anda, ve a darte esa ducha que se te va a enfriar el sudor.

Entonces en ese momento, Cristo se bajó los calzoncillos, y aunque mi deseo hubiera sido tirarme al suelo de rodillas, aún a riesgo de destrozármelas, y coger su polla a dos manos y hacerle una pajamamada hasta sacarle la última gota de leche, lo que hice realmente fue una gilipollez, pero creo que necesario en ese momento para mantener un margen de confianza. Me di media vuelta aunque permanecí en la habitación disimulando, y entonces aproveché para asegurarme mi premio.

Dani: Deja la ropa sucia encima de la cama que luego te la lava mi madre.
Cristo: Qué dices –dijo sorprendido mientras ataba la toalla a su cintura.- No tío, ya le digo a Sara que me la lave ella.
Dani: Ja, ja, ja, ja….
Cristo: ¿Qué pasa?
Dani: Nada tío, qué menudo atajo de machistas estamos hechos, a lavar la mamá o la novia. Que no te preocupes hombre, estás en mi casa y aquí mi madre es la que hace esas cosas, además, seguro que está encantada de hacerlo.
Cristo: Bueno pues luego hago la cama y pongo la ropa encima.
Dani: Venga sí, dale caña a esa ducha que nos espera un día de sky acuático de los que hacen historia.

Se marchó marcando culito bajo mi toalla de la suerte y por supuesto no le perdí la pista hasta que no cerró la puerta del baño. Entonces seguí con mi plan. Raudo, me dispuse a hacer las dos camas y a recoger su ropa del suelo. No dudé en dar una primera esnifada fuerte a sus slips mojados de sudor, el aroma enloquecedor de su entrepierna aún permanecía caliente impregnado en sus slips naranjas. Qué subidón. Llevé la camiseta, los pantalones de deporte y los calcetines al cesto de la ropa sucia, pero sus calzoncillos los guardé en el fondo de mi armario hasta que pudiese usarlos convenientemente. Ya tranquilo me cambié y cuando Cristo salió de la ducha nos fuimos al puerto deportivo a pasar un día de lo más divertido.

La jornada transcurrió genial. Quizá ilusionado por obtener mi trofeo pude estar más tranquilo durante todo el día. Estuvo gran parte de la mañana sin separarse de Sara, tenía que cumplir con su posición de novio claro, pero el resto del día pasó bastante de ella y noté que hacía mejores migas conmigo.

La vuelta a casa fue bastante sórdida. Íbamos todos callados en el coche, reventados de tanto esfuerzo, el sky acuático es algo que te destroza el cuerpo. Apenas nos quedaban fuerzas para nada, pero para un momento de placer guarrete siempre hay unos minutillos, por supuesto.

Llegamos a casa y nos fuimos duchando todos por turnos, cenamos y Cristo decidió salir a dar un paseo romántico con Sara, así que aproveché para darme mi sesión de sexo acompañado de mi última adquisición. Pillé los gayumbos sudados de Cristo del armario, me los metí en el bolsillo y me encerré en el baño durante unos minutos.

Me quedé completamente en pelotas, puse una toalla en el suelo y me tumbé. Primero fui observando los calzoncillos detenidamente. Tenían bastante hecho el bulto del paquete, y es que Cristo cargaba bastante bien de rabo y cojones, al menos eso me pareció cuando lo vi con ellos puestos. Pero ese sería mi siguiente objetivo, ahora sólo tenía que dedicarme a disfrutar de lo que tenía entre mis manos.

Les di la vuelta para ver el forro. No estaban sucios pero se notaba que habían sido utilizados. Una ligera manchita algo más oscura se definía en lo que le caería a la altura del ojete, la parte más sudorosa. Sólo al tenerlos entre mis manos, mi polla se puso dura y al tope de erección. Empecé a acariciarla suavemente, movimientos lentos trabajándome el nabo desde la punta hasta los cojones. Me pasaba la mano por las ingles y sobaba mis huevos y la rajita de mi culo. Entonces me planté los calzoncillos sobre la cara. Cerré los ojos y no me costó nada imaginar que mi nariz andaba en su entrepierna. Los calzoncillos guardaban fielmente el olor de sus sudor, de sus hormonas, de su piel, ummmm. Me masturbaba cada vez con más energía, de la punta de mi polla salía líquido preseminal a borbotones, el grado de excitación era muy alto. Entonces decidí saborearlos también. Me fui metiendo en la boca la parte del paquete, ummm, un sabor a cojones intenso, incluso encontré la zona donde la polla había dejado restos de polución seminal, ummm, un sabor un tanto agrio que me enloqueció más si cabía. Por último, y en la recta final de mi pajote, pasé la lengua a lametazos por la zona de la mancha del ojete, uffff, una delicia, estaba que me corría del gusto. Para ello me coloqué los calzoncillos sobre la cara a modo de máscara, dejando la zona del paquete sobre mis ojos y nariz, y la del culo en la boca para poder seguir saboreándola. Las batidas de mi polla fueron cada vez más fuertes, hasta que empecé a sentir un orgasmo brutal que me recorría por todo el cuerpo, me hacía estirar las piernas y doblar la espalda, y cómo no, también sentí fluir mi semen por la uretra de mi rabo hasta que lo puede notar ardiendo y mojando mi barriga, pecho e incluso cuello. Los gemidos me los tragué por si mi familia se asustaba, porque hubiese gritado como un loco de placer, como lo que me hizo sentir el aroma enloquecedor de sus slips naranjas.

Sintiéndolo mucho tuve que limpiarme y devolver los calzoncillos al cesto de la ropa sucia que al día siguiente lavaría mi querida mamá con todo el amor del mundo. Seguro que Cristo los iba a echar de menos si no los veía pronto entre sus cosas.

Al poco rato, Cristo volvió a casa y saludó sin más. Se metió al baño y estuvo así como veinte minutos. Seguro que venía caliente de haber estado con Sara y por aquello de su estrechez, se había quedado con dolor de cojones y claro, un buen pajote lo aliviaría bastante.

Qué morbo me dio saber que tan sólo hacia media hora, estaba yo haciendo lo mismo que él, en el mismo lugar y con sus calzoncillos sobre mi cara.
[continuará]
Hasta entonces, otro beso caliente de Danielotravieso...

24 mayo 2007

Aquellos días de verano I

Capítulo primero. "El cuerpo de Cristo".
Corría agosto de 2006 y apenas quedaban unas horas para salir de viaje. Como era costumbre, mi familia y la de una amiga de mi hermana, tomábamos rumbo a la Costa del Sol para olvidarnos del tórrido verano del interior.

No sabía por qué pero este año tenía la sensación de que nuevas aventuras me esperarían, que sería un verano diferente.

Mi hermana Arantxa y su amiga Sara ya tenían miles de planes prefabricados sobre todo lo que deseaban vivir junto a la playa pero lo mío era un simple pálpito, sin intenciones ni pistas.

Cuando salimos de casa a recoger a la familia de Sara encontré la primera prueba de aquello que sospechaba. En la puerta de su casa estaba Sara dando saltitos de alegría y sus padres empacando maletas en el maletero. Hasta ahí lo habitual, pero entonces dobló la esquina un conocido de mi patio de vecinos al que le tenía el ojo echado desde hacía tiempo aunque desconocía su nombre, sus costumbres y cualquier cosa sobre su vida, excepto que me tenía prendado desde que coincidí con él en el portón de casa una vez.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que se detenía junto al coche de la familia de Sara, la besaba en los labios y su padre cogía su maleta para embutirla junto al resto en el maletero del Picasso.

Sin bajar del coche saludamos y arrancamos rumbo al sur.

Siempre nos cogemos dos apartamentos contiguos, y la verdad es que sólo para dormir nos separamos las dos familia. Tanto comer, como ir a la playa o salir a pasear eran motivos suficientes para realizarlos como si de una misma familia se tratara. Eso hizo que Cristo y yo estableciésemos cierta relación de amistad.

Había momentos en que no era fácil mantener una actitud natural con él, pues mi mente se distraía con sus bíceps, sus labios o su tremendo culo, pero de todas formas intentaba controlarme.

Los primeros días fueron intensos en cuanto a la actividad física, no parábamos un segundo, siempre corriendo, bañándonos y jugando al tenis. Cuando era yo el que echaba el partido con él, el estar atento al juego me mantenía centrado, pero cuando Cristo peloteaba con su suegro, mi padre o Sara, me quedaba con la boca abierta babeando como un cerdo. Los músculos de sus muslos se movían incitándome a agarrarlos con fuerza, su culo bailaba al son de la pelota y su torso se doblaba hacia delante, hacia atrás y hacia los lados enseñándome lo flexible que podría llegar a ser en caso de intimar ambos sobre la arena de la playa.

Nuestras conversaciones giraban en torno a la música, la noche, el alcohol y los estudios. La verdad es que había tema de conversación para cualquier cosa. Parecía que le gustaba pasar el tiempo conmigo, incluso me hacía confesiones íntimas de su relación con Sara. Saqué la conclusión de lo estrecha que era la pobre para lo bueno que estaba su novio. Pensaba yo mientras me hablaba: “… anda que si yo te pillara, te ibas a enterar de lo es follar, y disfrutar del sexo, nene”.

Cada día tenía que aplacar el calentón que me provocaba por cualquier tontería pajeándome en la ducha, en la cama, incluso en la misma playa, aprovechando la siesta familiar.

Al pasar una semana, Cristo me comentó lo mal que lo estaba pasando con el sofá del salón. Al no llevar mucho tiempo de novios, los padres de Sara habían accedido a que Cristo viniese de vacaciones con la condición de que no compartiesen habitación. Las casas sólo tenían dos, una para el matrimonio y la otra para los hijos. Yo dormía con mi hermana, a lo que no estaba muy acostumbrado, pues mis pajitas nocturnas observando por la ventana a algún vecino cachondón no me las quitaba nadie, pero a todo se hace uno…..

Se me ocurrió comentarlo en uno de los desayunos en nuestro apartamento. No quería que supiesen que había sido idea mía, y qué mejor anzuelo que unos padres preocupados por la salud de la espalda de un chaval joven con un cuerpazo para partir almendras con el culo. Entonces tiré la piedra:

Dani: Papá, Cristo está bastante jodido de la espalda, ¿sabes?
Papá: ¿Y eso? Aparentemente está muy sano.

Y tan sano, pensé yo, no se puede estar más bueno…..

Dani: No, si no tiene ninguna enfermedad, lo que pasa es que como tiene que dormir en el sofá ese viejo, dice que tiene miedo de que le coja alguna cosa mala en la columna, como hace deporte y eso, no se quiere lesionar.

Mamá: Uy, pues eso tienen que arreglarlo, no se va a lastimar el chaval por unos días.
Dani: Podrían alternarse Sara y él para dormir en una cama, o sacar la que tienen en la habitación fuera por las noches.
Mamá: Menudo follón.

Entonces a mi hermana se le encendió la bombillita que estaba esperando y dijo…

Arantxa: Claro, tengo una idea. ¿Por qué no me voy yo a dormir con Sara y que se venga Cristo a dormir con Dani?

Fue la mejor idea de mi hermana desde hacía años……

Y así fue. En cuanto bajamos todos a la playa mi padre les comentó la idea y muy gustosos aceptaron. Así que por la tarde Cristo se trajo su maleta a casa y dispuso su ropa en mi armario. ¡Qué subidón me dio ver sus camisetas y bañadores junto a los míos, ufffff.

Ya estaba deseando que llegase la noche para descubrir de qué guisa dormía Cristo. ¿Lo haría en calzoncillos? ¿En bañador? ¿Con pijama fresco? o ¿con un pijama de cuello vuelto? Estaba deseando resolver el entuerto.

Cayó la noche, y como siempre nos quedamos los cuatro charlando en las escaleras que bajan a la arena disfrutando del rumor de las olas y de la negrura del mar. Cristo tenía a Sara entre las piernas y de vez en cuando le pellizcaba las tetas, a lo que ella respondía con cierto rechazo y media sonrisa. Eché un ojo a su entrepierna y se podía adivinar una erección potente que en ocasiones rozaba la espalda de Sara y hacía que Cristo le murmurara cosas indescifrables al oído. Ansioso por descubrir mi comecocos de todo el día pegué un falso bostezo y dije:

Dani: Peña, yo me largo a dormir, estoy molido.

Todos siguieron mi opción. Cristo y Sara fueron pegados hasta las casas para evitar que Arantxa y yo nos percatásemos de su erección, aunque ya era tarde para eso, claro. Uno que es espabilao y las coge todas al vuelo … jajaja …Se despidieron con un tierno beso en el portal y se vino conmigo sigiloso hasta la habitación, pues mi padre roncaba desde hacía rato. Primero entró él al baño y luego lo hice yo. No escuché la cadena del váter y al salir me dijo que con un ruido era suficiente, así que me puso cachondo tener que mear sobre los meos de Cristo. En el agüilla del fondo podía verse cierta viscosidad flotando. Eso me puso a cien….

De vuelta a la habitación, mis sospechas se confirmaron. Abrí la puerta y en ese momento Cristo se estaba quitando la camiseta, después se quitó los piratas y se quedó en calzoncillos, eran unos slips blancos supercachondos. Le hacían un culazo mucho más marcado. Fue hacia la cama y entró a cuatro patas. Menuda imagen, aún la conservo como si fuera hoy. Yo hice lo mismo., Nos acostamos y estuvimos hablando unos minutos, hasta que tras algunos bostezos decidimos que era mejor apagar la luz. Hacía un calor algo más soportable gracias a que dormíamos con la ventana abierta. La luz de las farolas dejaba la habitación en una penumbra que multiplicaba lo erótico de aquel momento.

Por sus respiraciones noté que Cristo se había dormido profundamente, y entonces aproveché para observarlo y gozar de su cuerpo sin tocarlo. Sus labios permanecían entreabiertos, toda una incitación al beso. Le gustaba dormir bocabajo por lo que su gran espalda de piel morena dibujaba una silueta perfecta y muy sensual que era rematada por un voluptuoso culo redondo y muy bien formada gracias a su afición por los deportes. Me detuve un rato fantaseando con su culito intentado imaginarlo al desnudo y mi polla se puso dura como una roca. Sin poder evitarlo y amparándome bajo la fina sábana empecé a masturbarme, poco a poco, suavemente. Tras su culo iban sus musculosos muslos. Dos torres de mármol fibradas y muy bien torneadas, lisas, sin vello, pues era amigo de la depilación a la cera (por los deportes, claro) y unos gemelos como pelotas de balonmano, duros, fuertes… Siempre he pensado que para depilarse hay que estar muy bueno, y él, por supuesto, era de los que se lo podían permitir.

Mientras iba acelerando el ritmo de mi pajote, recorría con lupa el cuerpo de Cristo como si de mi propia lengua se tratase. Iba aumentando mi sensación de placer, aquello tenía pinta de terminar pronto, así que me detuve en su tremendo culazo y allí es donde eché el resto de mi imaginación. Cuando me vino el orgasmo me vi tirando los lechazos que manchaban mi barriga sobre la rajita imaginaria que tendría Cristo entre sus potentes nalgas. Y así me quedé, dormido entre las sábanas frescas de algodón, y dejando que mi semen, se resecara sobre mi piel hasta la mañana siguiente en la que……
[continuará]
... mientras tanto, un beso de Dani ... Danielotravieso

10 abril 2007

Tarde en el "SEXDUNE".

Me lo encontré de casualidad en el sexshop más famoso de la ciudad.

Andaba yo bastante caliente aquella tarde y me dije: “no tengo ganas de pillar cacho por Internet, los contactos de mi agenda los tengo más que follados, y no me hace tampoco pisar un bar de sexo a estas horas”. Entonces me fui al “SEXDUNE”, una tienda especialista en hacer felices a los que ya nos quedan pocos recursos en una tarde aburrida y cuando no te quedan iniciativas que requieran esfuerzo.

Entré y el ambiente era el siempre, dos o tres tíos diseminados por el local, cada uno a lo suyo y sin hablar con nadie, ojeando carátulas de pelis y libros para cargar las pilas antes de hacer la selección perfecta adecuada a las necesidades sexuales de ese momento. Parece que cuando quieres elegir bien es cuando más difícil te lo pones a ti mismo. Nunca te quedas contento con la peli o el comic elegido hasta que lo pagas y te largas, entonces es cuando tu polla va siempre a unos metros por delante tuya y parece que te han puesto un petardo en el culo para ir corriendo a casa a meter el disco en el Dvd, bajarte los pantalones y empezar a visionar.

Pero el caso es que esta rutina se desvió, y menos mal que se desvió. Un tío con un buen culo pagó un par de pelis y se largó. Quedamos tres, un chico con unos gemelos geniales en pantalones cortos que se dejaba los ojos en la estantería de las pelis, otro madurito con su bigotito americano junto a una vitrina de consoladores de látex en forma de polla perfecta con cojones incluidos, y yo, que no terminaba decidirme entre un manual de tipos de nabos o uno de culos de impresión, todo un dilemazo.

Estábamos de espaldas y poco a poco sin darnos cuenta fuimos reculando hasta que nuestras espaldas se chocaron.

.- Uy, perdón –le dije al del bigote.
.- No perdona tú, es que se pone uno a pensar en esto y pierde la orientación.
.- Sí, desde luego.

Nos disculpamos ambos y seguimos a lo nuestro.

Me metí tanto en aquellos dos libros y en seguida me di cuenta que miraba más el de las pollas que el de los culos, y entonces entendí que ese tendría que ser el que me llevase. Un gran catálogo de rabos a cada cual mejor para mamar o para que me lo metiesen por el ojete que ya me estaba sudando tela. Entonces empecé a notar mi polla crecer y abultar mis pantalones, me estaba poniendo rojo, lo notaba en mis mejillas, un calor cachondo me recorría el cuerpo entero. Me puse de lado y por el rabillo del ojo veía al del bigotillo en una actitud similar, pero en su caso ya le había echado mano a su paquete. Se lo estaba restregando, se notaba que también le había crecido. Parece que el morbo nos pudo y así seguimos los dos, a un metro de distancia, sin hablarnos pero con mucha complicidad en las miradas y los gestos. Y de repente sucedió algo inesperado. El dependiente salió del mostrador y se metió en las cabinas de sexo. El bigotes se dio cuenta y aprovechó el momento para sacarse el rabo de los pantalones y mostrarme el tremendo pollón que se había currado a base de sobarse el paquete. Más de 20 centímetros con todo el capullo al aire y los cojones colgando por fuera.
Empezó a pajearse mientras me miraba, el libro que tenía en la otra mano sólo le servía para disimular. Me miraba con vicio mientras se masajeaba el capullo de arriba abajo. En un momento me hizo un gesto cómplice y entendí que quería que hiciese lo mismo que él, así que no me lo pensé y desenfundé mi rabo que iba a estallar dentro de mis calzoncillos, qué liberación sentí.
Allí estábamos los dos, casi solos en el “SEXDUNE”, con el morbo de nuestros rabos y cojones asomando por la bragueta e impregnando toda la sala del aroma de nuestros líquidos preseminales. Nos mirábamos, nos pajeábamos lentamente sin decirnos nada. Entonces se escuchó abrir una puerta y como pudimos encerramos nuestras pollas de nuevo en su guarida lamentando el dolor producido por la presión, pero con toda su dureza intacta. Así que él no lo pensó dos veces y decidido a seguir con aquel juego se fue directo a la zona de cabinas de sexo y yo sin dudarlo le seguí como un perro en celo. Entré en la cabina a medio oscuras y allí me estaba esperando, con los pantalones en los tobillos y la camiseta a la altura del pecho. Sin mediar palabra me arrodille y me clavé su pedazo de rabo hasta la garganta. Se la estuve mamando un buen rato hasta que me levantó cogiéndome por las axilas. Él mismo fue el que me bajó los pantalones hasta los tobillos también y repitió lo mismo que yo le hice. Me agarró el rabo con una mano, se lo metió en la boca y comenzó a acariciarme con su lengua y su paladar, ufff, qué gustazo. Con la otra mano apretaba mis cojones con fuerza.

.- Tranquilo, puedes aflojarme los huevos que no me voy a escapar –le dije para evitar que mis pelotas estallasen.
.- Perdona, no quería hacerte daño, estoy seguro que si te agarro el culo no te quejaras tanto.

Entonces aflojó mis huevazos y llevó su mano hasta mi nalga derecha, la agarró con fuerza y me la estrujó. Así además se ayudaba empujándome para meterse el rabo lo más adentro posible de su garganta.

Yo estaba a punto de correrme por eso le dije que parase, no quería que aquello terminase tan pronto. Dejó mi rabo, me dio media vuelta, se empapó la mano de saliva y me endiño un palmotazo en la raja que hizo que se abriese hasta que su dedo corazón gordo y largo rozase mi ojete. Volvió a embadurnarse la mano de saliva y acertando a la primera, me lubrico a saco. Se puso un condón en un segundo y me agarró por el pecho. Fui notando como su polla se iba metiendo entre las piernas, me golpeó los cojones y entonces él mismo reculó. Fue rozándome toda la piel que hay entre los huevos y el ojete hasta que lo alcanzó. Se detuvo y fue encajándose poco a poco. Empujó suavemente y no le hizo falta esperar mucho, pues entre el sudor que me había provocado el calentón de la lectura del libro, el cachondeo de las pajas en la sala de lectura y su saliva, mi ojete estaba más que dilatado. Así que arremetió contra mi culo y me pegó una follada de escándalo. Me estuvo bombeando un buen rato mientras me lamía el cuello y me pellizcaba los pezones, hasta que no pude más y sin siquiera tocarme la polla, empecé a soltar lechazos al tiempo que gemía de placer….

.- Ahhhh, me corro, tío, me corro.
.- Pero si ni siquiera te estás tocando.
.- Te crees que me hace falta con la follada que me estás pegando, ahhhh, que me corro.

Entonces aceleró y me acompañó en mis gemidos, parecíamos un coro de corridas a dos voces, la mía más grave, a pesar de su bigotillo.

Nos limpiamos como pudimos y salimos allí encantados de la vida.
Nos acercamos al mostrador, dejamos los libros que habíamos seleccionado y nos fuimos a tomar un café.
Estuvimos el resto de la tarde hablando y nos dimos el teléfono.
Era miércoles, y ambos no podíamos quedar hasta el sábado, y pensaréis que quedamos en su casa o en la mía para echar más polvazos……….. pues no, ambos compartimos afición tanto por footting como por el nudismo, así que hicimos la mochila y nos fuimos a una playa nudista cerca de la ciudad que hay detrás de un bosque, y allí, nos despelotamos y nos echamos una horita corriendo, dando bandazos a derecha e izquierda y al mismo ritmo con nuestras pollas. Eso sí, tanto meneo hizo que creciesen durante el paseito y ya que estaban solando su lechecilla transparente, las aprovechamos con un buen polvo en las dunas de la playa y un relajante remojón en el mar, que esa mañana estaba estupendo.
Por cierto, se llama Hugo y cada sábado quedamos para echar una carrerita por el bosque de la playa, algo que se ha convertido en toda una costumbre.

31 enero 2007

Dylan. El lavandero.

Dylan trabaja en una lavandería aunque todo el mundo lo considera un chico para todo …….. “que si arréglame esta lámpara, que si límpiame el piso, que si cápame al gato”. Él lo hace con todo el gusto del mundo, siempre con una amplia sonrisa y dejando a todo el mundo satisfecho. La gente suele ser generosa con él y le da buenas propinas, eso ayuda a que llegue a fin de mes porque el sueldo de la lavandería no es que se pueda estirar tanto.

El último mes se ha apuntado a cobrar un plus que consiste en pasarse por varios establecimientos deportivos para recoger él mismo las tollas y la ropa sucia para menores molestias de los empleados de gimnasios, piscinas etc. Para facilitarle el trabajo ha pedido que ubiquen, en un sitio visible y accesible, un toallero en cada vestuario al que vaya.

Precisamente ayer me llamó para contarme una morbosa historia que le sucedió el lunes pasado en uno de los gimnasios. Concretamente es en el del estadio de fútbol. En él no sólo entrenan los jugadores del equipo local, puede afiliarse el que lo desee y así también pueden compartir máquinas, pesas y duchas con los fornidos futbolistas a los que admiran en el campo de juego. Abrir el local al público fue una iniciativa para acercar las estrellas deportivas al vulgo y así mostrarse más accesibles con el interés remoto de obtener más socios entre la afición.

Bien temprano en la mañana, Dylan se acercó con su furgoneta a entregar un gran lote de toallas limpias para que hubiese material durante todo el día. Entró en las instalaciones y tras saludar al recepcionista con su alegre simpatía, entró a los vestuarios. Aquello estaba desierto, era demasiado temprano como para que alguien con dos dedos de frente estuviese currándose el cuerpo. Desembaló el carrito en el que traía las tollas oliendo a suavizante y empezó a disponerlas en las estanterías. De repente escuchó un fuerte estruendo y se asustó. En seguida se dio cuenta de que se trataba del típico sonido brusco que hacen unas pesas al caer al suelo cuando el que las levanta ya se ha hartado de levantarlas y las tira al engomado de un golpe. Se preguntó quién sería, pues no había visto a nadie en la sala de musculación. Terminó entonces de colocar el resto de las toallas y se dispuso a recoger del gran cesto las sucias del día anterior.

En la sala de musculación terminaba su sesión de pesas Jacob, un delantero del equipo local muy bien equipado valga la redundancia. Había estado corriendo desde las seis de la mañana y después había ido al gimnasio del estadio a darse una buena sesión de pesas para mantener su musculatura a tono. Tenían como norma entrenar con la equipación deportiva titular si corrían en el campo de fútbol así que lucía los colores de su camiseta a esas horas ya muy sudada. Estaba empapado y con ganas de darse una relajante ducha tras el gran esfuerzo. Se fue hacia los vestuarios y al entrar vio a Dylan recogiendo las toallas del cesto. Estaba agachado con la mitad del cuerpo metido intentando alcanzar las últimas muy al fondo. Jacob se acercó con sigilo y le pegó un susto de muerte. Se fue hacia él y rápidamente le bajó los pantalones blancos del uniforme de la lavandería y le pegó un empujón por lo que el chico de las toallas cayó dentro del cesto sin poder reaccionar a tiempo. Jacob se reía mientras veía las piernas morenas de Dylan intentando alcanzar un punto de apoyo. Como no le gustaba llevar calzoncillos, pues los pantalones blancos eran sueltecitos y muy cómodos, lo dejó con el culo al aire. Allí estaba mi amigo Dylan pataleando con los pantalones en los tobillos y contrayendo sus deliciosos glúteos con fuerza mientras maldecía al que fuese su desconocido bromista. Las mollas de su culo contrastaban blancas por el corte del bañador con el moreno del resto de su piel.

Como Jacob veía que Dylan no podía librarse de su angustia aprovechó la ocasión para proporcionarle alguna salida que lo recompensase, entonces se arrodilló, le sujetó las piernas por los muslos y le dijo susurrando:

.- Tranquilo tío, cuanto más te muevas más adentro caerás. Confía en mí que si yo te he metido en esto, yo te sacaré.

Dylan se quedó paralizado. Cesó su intento infructuoso de salir del cesto e intentó reconocer a su verdugo por la voz.

.- ¿Sabes que siempre he deseado comerme este culito? Todas las mañanas te veo entrar aquí moviéndolo y me pone cachondo como un perro, pero nunca tengo la suerte de coincidir contigo a solas. Ya sabes que en esto del fútbol hay mucho maricón pero tenemos que guardar las apariencias.

¡¡Eureka!!, pensó Dylan. En seguida reconoció aquella viril y sensual voz que le susurraba con vicio de sexo desesperado. Entonces su confianza creció de tal manera que se dejó hacer sin rechistar a pesar de que la sangre ya le estaba embotando la cabeza. Jacob enmudeció sus labios pegándolos a la piel de sus muslos. Fue subiendo por ellos hasta dar con la raja del culo de Dylan. A éste se le puso la piel de gallina al sentir la barba picajosa del futbolista arrastrándose por su fina piel blanca. Del roce de su vello facial pasó a sentir el calor de su aliento y la humedad de su boca. Jacob sacó su ancha lengua y comenzó a lamer las nalgas de mi colega lentamente, hacia arriba y hacia abajo, pasándola sin dejarse un solo poro de la zona.

.- Ummm, lo tienes sudadito, como a mi me gusta, cómo te huele la raja tío, se nota que has estado trabajando desde muy temprano.

Dylan notaba como su polla, metida también en el cesto, engordaba y empezaba a excretar las primeras gotas de líquido preseminal, pero la putada es que no podía tocársela, sentía una necesidad brutal de darse un par de meneos en el capullo pero si dejaba de aguantarse con las manos al fondo del cesto corría el peligro de caer del todo pues Jacob sólo lo sujetaba agarrándole las nalgas con ambas manos.

.- Joder, tío, me estás poniendo como una moto. Esta mañana he entrenado duro pero no he metido ningún gol y tengo muchas ganas de meter algo.

Jacob ni siquiera se había tocado su propio nabo y de él también empezaban a caer hilillos espesos de presemen. Tras encularlo a base de lengua durante un buen rato y comprobar lo dilatado que tenía el ojete el muchacho de pantalones blancos, se apiadó de él y lo sacó de aquel pozo de ropa sucia. Lo incorporó y le dio media vuelta para poder pedirle perdón de la mejor forma que se le ocurrió. Jacob se arrodilló y cogió el pollón de Dylan, lo estuvo observando unos segundos y le retiró el prepucio. Abrió la boca y se dedicó a lametear su glande húmedo y enrojecido.

.- Uffff, me hacía falta esa mamada tío, estaba desesperado por tocarme la polla, pero en tu boca es la hostia…..

Jacob no quiso desprenderse del miembro de Dylan para hacer ningún comentario así que se fue tragando la polla cada vez más profundamente. Dylan se quitó la camiseta y se deshizo de los pantalones blancos atados a sus tobillos y observó como por el lado del pantaloncillo de Jacob asomaba su tremendo pollón.

.- Joder, qué es lo que te sale por ahí abajo tío, yo quiero mamar esa polla. ¿Cuánto te mide? Es la más grande que he visto.

Jacob se sacó el nabo de Dylan de la boca y se puso en pie. Sus caras se encontraron a milímetros y le dijo:

.- No es la más grande que he visto yo, pero si quieres estos 26 centímetros tendrás que ganártelos con un beso que me haga tirar un buen gotarrón de presemen.

Dylan acercó sus labios y empezó a besar a Jacob desesperadamente. Le daba igual que le rozase la cara y le produjese irritación, en ese momento las hormonas se habían apoderado de su voluntad y sólo le pedían que consiguiese mamar esa pollaza como fuera. Con el único contacto de los labios y su juego de lengua, Dylan consiguió superar la prueba. Jacob lo separó de su boca y le dijo:

.- Eres todo un campeón, si jugases al fútbol igual que besas, temería por mi puesto en el equipo tío. Mira que gota me va a salir.

Jacob se echó el prepucio para atrás, apretó su rabo con fuerza desde la base y lo arrastró un par de centímetros hacia delante. Del agujero del glande salió una gota gorda y transparente que produjo satisfacción en lo dos.

.- ¿A qué esperas para probarla? Te la has ganado con creces guapo.

Dylan se arrodilló en el frío suelo del vestuario y agarró el rabo de Jacob a dos manos, aún le sobraba polla para meterse unos cuantos centímetros en la boca. Tras saborear el rico líquido aceleró la marcha de su mamada combinándola con una buena paja a dos manos que hizo estremecerse al delantero. Las pelotas gordas y peludas de Jacob golpeaban las manos de Dylan, cosa que le atrajo. Intentó meterse las dos en la boca, pero le fue imposible así que le dedicó una par de minutos a cada una. Las lamía como si estuviese sacándole jugo, bailaban en su lengua, subían y bajaban, era como un juego.

La polla de Jacob pedía a gritos bombear el culo de Dylan, y en un arrebato lo alzó desde el suelo donde estaba arrodillado y lo sentó en uno de los bancos. Dylan se quedó con las piernas abiertas. Su polla le llegaba hasta el obligo, dura y caliente, y los cojones rosados y brillantes le colgaban bien cargados de leche. Jacob cogió sus piernas, se las puso sobre los hombros y sin cogérsela con la mano dirigió su enorme polla hacia el ojete de Dylan. Se le acercó y lo besó mientras le decía:

.- No lo toques, mi rabo ha esperado tanto este momento que se ha aprendido de memoria el camino para entrar en ti. Lo ha fantaseado tantas veces que no le va a costar trabajo encontrar tu ojete rasurado.

Y así fue. Envuelto en una nube de olores a macho, Dylan notó la punta de la polla de Jacob abriéndose camino entre su rajita, en seguida la sintió encajarse perfectamente con su esfínter y a pequeños empujones muy suaves fue percibiendo la entrada que al principio se hizo difícil por el grosor del cipote. Dylan llevaba el ritmo de entrada agarrando a Jacob por las caderas. Éste notaba la resistencia y hacía caso al permiso de Dylan pues era consciente del daño que podía causarle su pollón pues en otras ocasiones había tenido problemas y había roto más de un culito inquieto.

Jacob se sintió liberado cuando Dylan, en vez de frenarlo, tuvo el gesto contrario. Agarró la piel de las caderas del futbolista y las trajo para sí. El jugador fue entrando cada vez más al fondo y comenzó a follarlo a un ritmo suave pero sin pausa. Pronto empezaron a escucharse los fuertes gemidos de ambos que resonaban entre las paredes del vestuario. Dylan gozaba de ver como el potente Jacob empujaba su polla hasta sus entrañas con cara de vicio y placer. Por su parte la polla le iba a reventar de gusto. Tenía que masturbarse pues no era fácil ser follado por aquel caballo sin tocarse el nabo. Jacob agarró a Dylan por la espalda y lo levantó en peso. Su fuerza era más que suficiente para poder follárselo sin mucho esfuerzo manteniendo su cuerpo en el aire. A cada clavada Dylan se estremecía más. De los gemidos pasó a los gritos y de los gritos a un orgasmo espontáneo que salpicó en la cara a Jacob. Dylan tiró varios chutazos de semen blanco, como sus cómodos pantalones. Eso excitó mucho más a su follador que dio varias embestidas más hasta que sintió que la eyaculación era inminente, así que se la sacó y lo dejó en el suelo, se sentó sobre su pecho y apuntó su enorme polla a la cara de Dylan. Éste esperaba la fuente blanca con ansias, así que abrió la boca y recibió seis chorros de leche que le mancharon toda la cara y el paladar.

Extasiados tras el polvazo de la mañana, Jacob invitó a Dylan a una ducha reconfortante para que pudiera irse limpio de allí. Entraron en la ducha y se enjabonaron mutuamente. Salieron y Dylan se quedó tan relajado que fue incapaz de vestirse. Se sentó en el banco que había debajo de la bandeja de las toallas limpias y allí se quedó quieto, se puso una de ellas sobre el abdomen y se quedó mirando como Jacob terminaba de vestirse. Los huevos le brillaban más que nunca, su culito lucía pálido bajo sus cojonazos y su cara era el vivo reflejo del placer.

No pude resistirme, pero cuando Dylan me llamó para contarme la historia mi polla creció tanto que tuve que sacármela del pantalón y hacerme un pajote como si fuera un teléfono erótico, con una diferencia, que esto era tarifa local, mucho más barata que los 806.

Dylan me dijo que ya tiene localizados a un par de futbolistas más, a un segurata en otro gimnasio y a un par de nadadores en la piscina municipal. Dice que es cuestión de tiempo que caigan en sus redes, y no lo dudo, porque ese culito lo he probado y es irresistible. Al final no sólo se saca un sobresueldo con el plus de trabajo sino que ha obtenido una buena fuente de placer que no se esperaba.

26 enero 2007

El puente de la Cuchilla.

.- Ufff, qué frío hace.
.- Sí, hace una rasca que te cagas.
.- Nada más de pensar en que tengo que pasar por el puente de la Cuchilla se me hielan los huevos que ya ni me los siento.

Raúl y Andrés salían de la biblioteca pública, habían estado estudiando toda la tarde y a la salida les pilló un fuerte temporal de viento. El invierno había entrado con fuerza y en la ciudad marítima se hacía más terrible soportarlo por al alto índice de humedad. La ciudad la partía un brazo de mar y como nexo entre las dos partes de la urbe construyeron el puente de piedra majestuoso, conocido por la población como el puente de la Cuchilla. Este apelativo se lo tenía ganado desde hacía años porque cuando se cruza en días como aquel, los labios se cortaban de inmediato si tenías la mala suerte de encarar una gélida ráfaga de aire.

.- ¿Te vienes a tomarte un café caliente? Vamos al “Lumpo” –era una cervecería pero aquel día seguro que no servían ni una.
.- No tío, hoy me toca abuela, ya te digo que se me quitan las ganas de ir sabiendo que tengo que pasar por el puente pero no tengo más remedio, mi hermana ha pasado la noche con ella.
.- Lo entiendo, pero es que no me apetece nada meterme en casa ya, mis padres se han ido y se me cae la casa encima si estoy solo.
.- Pues vente conmigo, en casa de mi abuela hay habitaciones de sobra, cenamos y charlamos un rato tío, ella no molesta apenas.
.- No quiero molestar.
.- Que va, mira, lo que más me relaja en días como éste es darme un baño caliente, así que en cuanto lleguemos ya sabes. Te vas a quedar de puta madre.

Los dos compañeros comenzaron a patear la ciudad. Al llegar al puente de la Cuchilla se calaron bien los gorros y cuidaron que su bufanda no tuviera ninguna entrada de aire. Se les podía ver encogido y se miraban en silencio expresando con ojos lagrimosos el frío que estaban sintiendo. Lo que no pudieron evitar fue que el travieso viento húmedo se colara por las patas de sus pantalones recorriéndoles las piernas hasta las ingles. Cuando llegaron al portal de la casa de la abuela de Raúl, éste le dijo:

.- Mira, sólo voy a darte un par de instrucciones que debes tener en cuenta. Mi abuela, al contrario que el resto de la gente mayor, tiene un oído muy fino, así que cuidado con los comentarios. Es muy maniática, lo tiene todo controlado desde su mecedora aunque apenas se mueve.
.- De acuerdo lo tendré en cuenta.
.- Ah, y otra cosa, cuanto menos te muevas delante de ella mejor, es tan tacaña que dice que se desgasta el suelo de arrastrar los zapatos.

Subieron hasta el segundo piso y entraron.

.- Abuela, ya estoy aquí –dijo Raúl gritando. Ha venido un amigo, se va a quedar a dormir.
.- Hola hijo, pasad.

La abuela Dora era una mujer antigua que enviudó hacía muchos años y que se resistía a irse de su casa, quería morir en ella. Para evitar una muerte en soledad, los dos nietos se turnaban. No iban a vivir con ella porque era tan especial que a veces los agobiaba demasiado, hacía tiempo que Raúl y su hermana eran independientes y no querían volver a ser controlados por nadie.

.- ¿Te vas a bañar? –dijo Dora como de costumbre.
.- Sí voy a meterme al baño y mientras Andrés se quedará en la habitación, tiene cosas que hacer, estamos estudiando mucho.

Andrés se quedó tan parado como su propio cuerpo. Desde que entró al salón permaneció clavado en la misma losa para que la abuela no le reprendiese por gastador. Pensaba que iba a darse un baño, pero de pronto, Raúl le había cambiado los planes. Éste le indicó con un cabeceo que entrase hacia el pasillo y Andrés le siguió los pasos. Una vez en la habitación Andrés pidió explicaciones.

.- Tío, tengo los huesos congelados, yo también necesito ese baño. No tengo nada que hacer, tengo la cabeza loca de tanto estudiar.
.- Tranquilo tío, que le he metido una bola a mi abuela. Ya te he dicho que es muy tacaña y que tiene el oído muy fino. No podemos llenar dos veces la bañera, y si oye el calentador encenderse cuatro veces me echa la bronca seguro.
.- No entiendo –dijo Andrés desconcertado.
.- Está acostumbrada a escucharlo encenderse dos veces, una para llenar la bañera y otra para enjuagarme. Cuatro veces significaría que tú también te has bañado y le duele mucho el bolsillo a la Dora.
.- Ya, ¿entonces qué propones?
.- Donde cabe uno caben dos, tío. Nos bañamos juntos, no te importa, ¿verdad? –dijo Raúl tan tranquilo mientras se dirigía a llenar la bañera.

Andrés iba de sorpresa en sorpresa. No había tenido en cuenta la posibilidad de meterse en la bañera con un tío desde que lo hacía con su padre hasta lo 5 años. En muchas ocasiones había compartido ducha en el gimnasio y en los vestuarios del instituto, pero se le hacía raro en un espacio tan pequeño. Sin embargo, quiso quitarle importancia pensando en que el agüita caliente iba a dejarlo como nuevo.

.- Ey, pasa que la bañera está casi llena –dijo Raúl desde el baño.

Andrés entró al aseo y vio la enorme bañera de la abuela. Era lo suficientemente grande como para que cupiesen los dos a lo largo y lo suficientemente pequeña como par que tuvieran que rozarse forzosamente.

Raúl comenzó a desvestirse. Se quitó el jersey y la camiseta a la vez. Andrés hizo lo propio, ambos con los torsos al aire se miraban mutuamente. Nunca se habían visto desvestidos y el instinto natural les provocaba observar el cuerpo del otro. Andrés era un poco más alto que Raúl y ambos tenían cuerpos parecidos. Raúl más imberbe quizá. Andrés no era amigos de la depilación por lo que sus largas piernas estaban cubiertas de un vello negro que no impedía seguir el contorno de los músculos de sus muslos y gemelos. Buena cuenta de ello dio Raúl cuando se quitaron los pantalones. Las suyas eran blancas y de un tacto fino y sedoso al igual que su torso, con tan sólo un racimo de pelitos que iban a esconderse tras la cinturilla de los calzoncillos. Andrés sintió cierto pudor precisamente por el desparpajo de Raúl para desnudarse. Sin interrumpir un segundo su striptease éste se deshizo de los slips blancos que tiró sobre el resto de la ropa en el suelo. Andrés por su parte se dio media vuelta para no mostrar sus genitales de frente. De esta forma Raúl pudo ver con mucha más libertad su trasero. Los ojos de Raúl exclamaron satisfacción mientras su mente decía: …. era como yo lo imaginaba…

Andrés se dirigió a la bañera y de espaldas se metió en ella sin que Raúl hubiera visto su enorme polla y sus huevos peludos. Mientras el nieto de Dora caminó lentamente hasta la bañera y contoneándose tardó un minuto más en entrar mientras dejaba que Andrés se pudiera fijar en su entrepierna. Le costaba mirarlo a la cara pues al estar sentado dentro de la tina la polla de Raúl le quedaba a la altura de la cara. Andrés también pensó que para lo poca cosa que era estaba bien dotado. Un capullo gordo y circuncidado seguramente al nacer acompañaban a un par de pelotas fácilmente visibles por la ausencia de vello corporal.

.- Está en su punto –dijo Andrés, qué gusto tío.
.- Voy para adentro, a ver déjame espacio tío.

Raúl se metió lentamente en el agua y Andrés no reparó en observar cómo el bello cuerpo de su amigo iba mojando su blanca piel. Posó el culo en el suelo de la bañera y estiró sus piernas intentado encajarse rozando lo menos posible a su invitado.

.- Deja que meta los pies por aquí, mete tu los tuyos por aquí –dijo Raúl organizando las posturas- si estás incómodo me lo dices, eh.

Los dos amigos se quedaron unos minutos en silencio disfrutando del relax y del espacio vaporoso que ocupaban. Las duras sensaciones sufridas al atravesar el puente de la Cuchilla iban borrándose de su memoria conforme sentían el contundente calor del baño. El agua estaba limpia, y Andrés propuso enjabonarla para que no se trasluciera su entrepierna, así que cogió el bote de gel de baño y comenzó a chapotear hasta que se cubrió todo de espuma. Se sintió entonces seguro y se permitió gastar una broma que le saldría cara.

Se quedó mirando fijamente a Raúl sin decir palabra, sus ojos verdes, su barba de dos días, su piel y su pelo corto moreno conformaban una fuente de seducción muy potente que hizo que Raúl se quedase paralizado esperando algún gesto algo más allá, y así fue. Andrés levantó una de sus piernas que abrazaba el costado del anfitrión, la colocó en medio de la bañera y fue acercándola lentamente hasta que los dedos del pie toparon con el culo de Raúl. En un gesto rápido, intentó introducir a tientas el dedo gordo por la raja y al pegar un espasmo Raúl, Andrés retiró el pie echando una carcajada.

.- ¡Uy! ¿Qué haces, maricón? –exclamó Raúl disimulando sorpresa.
.- ¡Ja, ja, ja, ja! Me encantaría hacerle eso a una tía, masturbarla con el pie.
.- Joder, no se te ocurre nada bueno, eh.

Para entonces ya era tarde y Raúl se puso como una moto. De entre la espuma comenzó a salir cual periscopio, su glande gordo y rosado. Andrés se percató de él de inmediato.

.- Joder nene, menudo rabo se te ha puesto. ¿Te has puesto cachondo con mi pie? Ves como no tengo tan mala idea.
.- Ha sido una reacción natural tío, no pienses cosas raras. Verás ahora.

Raúl subió uno de sus pies rozando el costado de Andrés y llegó hasta uno de sus pezones que comenzó a frotar suavemente, luego hizo lo mismo con el otro. La cara de Andrés cambió de gesto súbitamente y entreabrió la boca jadeando suavemente. Los pezones se le erizaron y como en el caso de Raúl también emergió la punta de su polla de entre la espuma. No era el glande lo que asomaba pues Andrés tenía un buen prepucio, entonces él mismo tomo su polla con una de sus manos y retiró la piel para que su compañero pudiese ver su polla en todo su esplendor. Ya se le había quitado toda la vergüenza. Siempre había tenido serias dudas sobre el tamaño de su polla, algo que tenía más que ver con su autoestima que con la realidad, pues iba sobrado de rabo.

.- Lo ves, ¿qué me dices ahora? Menuda tranca se te ha puesto tío. Qué pedazo de polla tienes eh. Como antes te has metido de espaldas no he podido vértela en reposo. Eso sí, me he fijado en que tienes el culo que sospechaba. Es tal y como me lo he imaginado desde que te conocí.
.- Me estás asustando tío. Veo que te molan los tíos. ¿Por qué no me lo habías dicho nunca? Nos conocemos más de dos años.
.- Es algo que a veces cuesta decirle a un amigo, y más si te pone algo cachondo.

Precisamente a causa de su falta de autoestima, Andrés aprovechaba cualquier posibilidad de halago y de poder para sentirse mucho mejor y sintió que esta podría ser una buena oportunidad. Se sentía deseado y eso le gustaba.

.- Yo nunca he hecho nada con un tío, pero si me gustasen, creo que con alguien como tú no me daría asco.
Entonces sin decir ni una sola palabra, Raúl retiró los pies del pecho de Andrés, se incorporó un poco y se arrodilló enfrente. Agarró el rabo de Andrés y le volvió a retirar el prepucio, se agachó y se lo metió en la boca lentamente. Andrés estiró la cabeza hacia atrás como si le doliese, pero no, era puro placer. Los labios de Raúl se arrastraban por la piel de su polla hacia abajo y hacia arriba, sumergía la cara en el agua para metérsela hasta el fondo, pero le costaba, los más de veinte centímetros de carne se le resistían hasta que pudo acostumbrar a su garganta. Con la otra mano le agarró los cojones y los manoseaba a su antojo, los tenía líquidos de lo caliente que estaba el agua. De vez encunado dejaba de mamar la polla y la seguía masturbando para poder observar la cara de goce de su amigo.

.- ¿Qué tal? Te gusta, eh.
.- Ufff, tío, no puedo creer lo que estoy haciendo pero no me lo eches en cara.
.- Esto no es nada, al fin y al cabo, alguna vez te la habrá mamado una tía.
.- Claro, muchas veces –dijo Andrés mintiendo como un bellaco.
.- Pues esto tiene también su morbo.

Raúl se incorporó y se sentó en el borde de la bañera, abrió sus piernas y cogió a Andrés por el cogote. Lo fue arrimando a su polla lentamente mientras le decía:

.- Venga, ahora vas a comprobar lo rico que es comerse una polla. La mía dicen que tiene un sabor especial, debe ser por lo mucho que la cuido. Venga, no tengas miedo, está deseando que te la metas en la boca, que te la comas……

Los labios de Andrés llegaron cerrados hasta el glande de Raúl, una vez que la tuvo delante se entretuvo en sentir su tacto, notaba calor, abrió un poco la boca y le dio dos o tres tímidos besos. Raúl flipaba de lo morbos que era ver a su amigo besándole el rabo. Entonces, aprovechando que lo tenía cogido por la cabeza, insistió en la dirección que llevaba y Andrés no tuvo más remedio que abrir la boca. Se introdujo la polla hasta la mitad, comenzó a succionarla con fuerza, como si quisiera sacarle el jugo, y entonces Raúl le susurró:

.- Tranquilo Andrés, tranquilo, con suavidad, que para obtener el premio hay que currárselo un poco, si lo haces tan fuerte me voy a correr en seguida.

Andrés aminoró la marcha y se dedicó a la polla con mayor cuidado sin peder una pizca de pasión. Él solito se fue animando y no sólo mamaba polla, sino que hizo uso de su lengua para lamer y chupar los cojones rosados que tenía más abajo, lamía las ingles sin piedad, se metía los huevos en la boca mientras lo pajeaba. Por eso Raúl tuvo que detenerlo, porque sentía tanto placer que no iba a poder aguantar mucho, y en realidad no deseaba que aquel momento terminase nunca.

.- Déjate llevar y verás lo que vas a sentir.

Raúl dirigió el cuerpo de Andrés y lo puso de la siguiente forma. Le colocó los brazos en el borde distal de la bañera así quedó Andrés a cuatro patas, y luego le levantó un de las piernas poniéndola sobre uno de los bordes laterales. Así quedó el novato. Como un perrito meando. En esa postura Raúl no podía hacer otra cosa que disfrutar cuanto deseara del cuerpo de Andrés. Le cogió las nalgas gordas y peludas y tras mordisquearlas un rato las abrió y apartó algunos pelos hasta divisar el ojete. Un ojete más moreno aún, grande parecía de dilatación muy rápida. Entonces Raúl lamió su raja con intensidad, le daba lametazos a diestro y siniestro, le absorbía el ojete para aumentar su tamaño natural y Andrés se lo agradecía con tímidos gemidos que fueron incrementando conforme iba perdiendo la vergüenza. Raúl incrustó la cara en la raja y allí se abandonó mientras ordeñaba a su amigo. Cuando se dio cuenta que el ano de Andrés tenía vida propia comprendió que estaba dispuesto para poder jugar con él. Empezó a empujar con el dedo corazón buscando la mayor flexibilidad y poco a poco fue introduciendo el dedo. Andrés no rechistó, todo lo contrario, aumentó el poder de sus gemidos. En poco tiempo el dedo podía entrar y salir sin problemas.

.- Tío, yo también quiero hacerte eso –dijo Andrés con la voz entrecortada por el placer.

Raúl adoptó la misma postura y se dejó hacer lo mismo. Andrés no sabía por donde empezar, estaba tan flipado que quería comérselo todo. Agarró las mollas del culo y las apretó con fuerza, enterró su cara entre ellas y lamió la raja y el ojete a muerte. Le introdujo con mucha más facilidad no sólo un dedo, sino que se atrevió con dos y vio que incluso sería posible introducir un tercero, y así lo hizo. Estaba asombrado de lo abierto que estaba.

.- Tío, quiero follarme este culito –dijo Andrés como desesperado.
.- ¿Y a qué estás esperando? Fóllame ya.

Andrés se retiró el prepucio todo lo que pudo y se empapó la polla de saliva, lo mismo hizo Raúl con su ojete. Con extremo cuidado colocó la punta del glande sobre el esfínter y fue entrando poco a poco intuyendo que todo iba bien por los gemidos que profería el dueño de ese culito, un culito blanco y duro.

.- Ufff, qué gusto tío, la tienes dentro, sí, apriétala sin moverla –le pidió Raúl a su amigo pollón.
.- ¿Así?
.- Sí así, la siento como engorda, sí.

Andrés comenzó a acelerar el ritmo de la follada disfrutando del tacto que le ofrecían las nalgas de Raúl, las apretaba con tanta fuerza que las usaba para poder arrimarse más el culo para meterla lo más profundo que podía. Raúl se pajeaba mientras porque no podía soportar el placer, temía marearse y hacer desmayado al agua. Se acercaba el final, Andrés sentía que se iba a correr y quiso consultar a su puto amigo.

.- Tío me voy a correr, qué hago.
.- Sácala y córrete en mi espalda.

Andrés la sacó y emitió varios lechazos que dibujaron senderos blancos sobre su espalda, los últimos, más débiles cayeron sobre las cachas del culo, y mientras gozaba del éxtasis del orgasmo, Andrés restregaba su semen por toda la piel de Raúl. Antes de que éste saliese del trance, Raúl se levantó y se puso de pie, cogió a Andrés por la cabeza de nuevo le metió la polla en la boca y se masturbó con su cabeza durante una par de minutos hasta que le sobrevino el orgasmo. Sacó la polla de su boca, y se la apretó acumulando así mayor poder y presión, entonces soltó un chorrazo que le dio en medio de la frente, Andrés cerró los ojos de la impresión. Tras ese lechazo monumental vinieron otros tres que terminaron de adornar el careto del moreno. Quedó como un bollo glaseado.

Raúl cayó rendido de placer en la bañera y ambos descansaron unos minutos gozando y medio dormidos hasta que un grito de la abuela los asustó.

Se incorporaron rápido y salieron corriendo, se secaron como pudieron y Raúl envió a Andrés a su habitación para que se vistiese. Raúl llegó hasta el salón y vio que su abuela yacía en el suelo quejándose amargamente. Pasaron la noche en el hospital.

A los dos meses le dieron el alta. Dora se había roto la cadera al intentar llegar hasta el aseo. Raúl se libró de que su abuela lo pillara enculado por su amigo Andrés, pero se cargó con el castigo, que él mismo se impuso porque lo mataba la conciencia, de irse a vivir con su abuela hasta su muerte. A partir de entonces tendría que atravesar el dichoso puente de la Cuchilla todos los días, lo bueno sería que al mal recuerdo que suponía el ventoso frío, se le unía el agradable pe pensar en Andrés. Sin embargo, las cosas con él no volvieron a ser lo mismo. Ahora la abuela le había tomado manía al pobre chaval que no tuvo culpa de nada.

A Raúl le quedaba el consuelo de poder hablar con él en clase y de soñar con las indirectas que Andrés le tiraba a veces, con las miradas furtivas y con el recuerdo de aquella vaporosa tarde.