Capítulo II
"Fresas y Chocolate a domicilio"
Habían pasado las horas y ni rastro de la nueva visita que había prometido el lechero. El Guanchito se había quedado dormido en su sofá esperando y esperando.
Ringgggggg, ringgggggggg –sonó el teléfono y se despertó.
Asustado por el estruendo se levantó desorientado y al estirar su cuerpo sintió un fuerte rasgado en su piel que le hizo gritar. La lefa del lechero había cuajado hasta los poros de su piel y se había secado por completo, la sentía como si tuviese la piel de un lagarto. Cogió el teléfono y atendió sin mucho agrado.
-¿Sí?.... No, no he cenado aún. Sí mamá, ahora me hago lo que sea, no tengo mucha hambre……. Sí, ya lo sé, que tengo que cuidarme ……. Bla, bla, bla…….
El Guanchito no le dio mucha bola a su madre, la verdad es que se encontraba algo aturdido de la siesta fuera de hora y tras colgar volvió a sentarme en su sofá sin saber muy bien qué hacer. Pero al momento sonó el telefonillo. Pegó un bote del sofá y volvió a sentir un tirón en todo su torso que lejos de molestarle le trajo morbosos recuerdos. Contestó.
-¿Sí?
-Nos envía el lechero –contestaron desde abajo.
Sin preguntar nada más les abrió la puerta y se dispuso a recibirlos en la entrada. El lechero no le había dado instrucciones de cómo recibirlos, bueno sí, de ninguna manera especial, simplemente como él lo había dejado y así los esperó, completamente en pelotas y con los churretes de semen caídos y secos desde su frente hasta los muslos.
En breve se oyó ruido al otro lado de la puerta y sin dejarlos llamar el Guanchito les abrió. Se quedó sorprendido al verlos, dos mulatos con la cabeza rapada trajeados y portando uno un maletín de cuero y el otro una mochila deportiva de tamaño mediano. Ambos le ofrecieron una amplia sonrisa y lo repasaron de arriba abajo. Al llegar a la zona de sus genitales se relamieron los labios y ampliaron su tremenda y blanca sonrisa. Les dio paso y entraron dejando sus equipajes sobre la mesita de centro del salón.
Los lecheros se presentaron el uno al otro y le dieron instrucciones.
-Buenas noches, él se llama Choco –dijo el más alto presentando al otro- lo llaman así porque es el más sabroso, tiene una boca capaz de sacarte la leche directamente los huevos, una lengua que podría desgastarte el ojete a lametazos y un rabo de 22 centímetros rico para chupar y follarte hasta que eches el corazón por la boca.
-Buenas noches, él se llama Fresón –dijo el más bajito- lo llaman así por el tamaño de la cabeza de su polla, parece un auténtico fresón y es dulce y ácido como el fruto, lo mismo te acaricia y se da un masaje erótico espectacular, que te pega una tunda de palmotazos en el culo que te puede hacer sangrar, eso sólo si lo deseas claro, respetamos los límites de cada persona. Además de su dotado glande, su rabo le mide 26 centímetros, por lo que es ideal para mamar a dos manos y hacer las delicias de un precioso culito como el tuyo. Cuando lo veas también podrás apreciar el volumen de sus cojones que pueden llegar a emitir cerca de 10 cl de leche en una sola corrida.
El Guanchito se quedó flipado, nunca había vivido una situación parecida, solía tener encuentros esporádicos en las que apenas mediar cuatro palabras.
-De ti no necesitamos ningún tipo de información, simplemente te pedimos que te dejes llevar y que si algo te desagrada nos lo digas pero siempre será mejor que nos dejes trabajar como a nosotros nos gusta.
-Está bien, soy todo vuestro, haced de mí lo que vosotros queráis, me dejo en vuestros cuerpos muy gustoso.
-Muy bien –dijo Fresón- siéntate en el centro del sofá.
El Guanchito le obedeció y los lecheros se quitaron las chaquetas pero se quedaron vestidos e incluso con las corbatas negras. Sacaron de la mochila una zafa, una esponja, una botella de agua aromatizada con azahar y una toalla. Los dos mulatos se sentaron a cada lado del Guanchito y Fresón vertió el agua de azahar en ella, empapó la esponja y comenzó a pasarla por todo su cuerpo, primero la cara con mucho cuidado y luego fue bajando por el cuello, el torso y los muslos. Escurría de vez en cuando la esponja y se notaba cómo el semen del lechero iba haciendo burbujas en la zafa. Mientras Fresón terminaba con la espalda, Choco le secaba la piel con la toalla, con mucha suavidad, con delicadeza. El Guanchito, haciendo honor a lo que le habían pedido permanecía a sus órdenes con los ojos cerrados y sólo sintiéndose muy cuidado por aquellos dos desconocidos.
Una vez aseado, le pusieron los brazos abiertos y se bajaron a sus pezones. Fresón y Choco sacaron sus lenguas salivosas y comenzaron a lamer los pezones del Guanchito. Al principio notó cierto escozor, pues las pinzas que se había puesto por la tarde le habían hecho heriditas, pero en seguida la saliva de los lecheros se las curaron y empezaron a expandirse volviéndose blanditos y jugosos. Ambos tenían unos morros importantes, rodeaban los pezones con la lengua, los lamían de abajo hacia arriba y luego siguieron con pequeños mordisquitos a los que el Guanchito respondía con tímidos gemidos. Su rabo se había despertado desde el principio pero los mulatos no le habían hecho ni caso. Para él mejor, porque precisamente no era de los que desease que ni si quiera se lo tocasen en la mayoría de sus encuentros sexuales, únicamente cuando optaba por ser activo le daba importancia a eso. En aquel momento se sentí en la gloria, con los ojos cerrados, dos bocazas comiéndole los pezones y sintiendo su rabo duro y goteando las primeras lágrimas preseminales, ummmm.
De los pezones pasaron a las axilas y tras olerlas restregaron sus lenguas por sus velludos sobacos. Se retiraron y el Guanchito abrió los ojos.
-¿Te encuentras bien? –preguntó Choco.
-Sí, muy bien, perfecto –respondió el Guanchito.
Los lecheros se quitaron las corbatas y las camisas, sólo se dejaron los pantalones. Sus torsos eran de piel fibrosa y trigueña, sin vello en absoluto y ambos llevaban un piercing en la tetilla izquierda. A Choco le colgaba un aro con una diminuta onza de chocolate de plata y a Fresón un aro con una fresita, en su caso, en oro amarillo.
Ahora eran ellos los que deseaban ser lamidos por la húmeda lengua del Guanchito. Choco asió su cabeza y la llevó hasta su pezón izquierdo y éste probó el preciado metal que tenía u sabor salado. Choco sudaba debido a la excitación y sus pezones habían transmitido el sabor de su piel a la onza de chocolate dorada. Después fue Fresón el que cogió la cabeza del Guanchito para que probase el sabor de sus pezones y así fue, la fresita plateada se entremezclaba entre sus labios y su lengua evitando ser devorada. Al mismo tiempo dos impresionantes bultos crecían en los pantalones de los putos lecheros a domicilio. Sus pollas tomaban posiciones subiendo por las ingles hasta detenerse en toda su dimensión a la altura del cinturón. Como el Guanchito estaba completamente desnudo ya eran visibles los hilillos de baba de polla que caían al sofá empelotando sus cojones y sus muslos.
Entonces pasaron a una nueva fase, la presión e sus rabos morenos en el interior del pantalón era insoportable por lo que ambos se levantaron y con un gesto hicieron que el Guanchito sacase las lecheras de las que iba a abastecerse. Así, usando cada mano para cada maromo desabrochó los cinturones, luego los botones y los pantalones cayeron por su propio peso. Dos pedazo de paquetes en slips blancos frente a su careto le hicieron gemir de placer, dudó a cual dedicarse primero, pero prefirió tener más datos para elegir. Metió sus manos por el elástico y bajó los dos calzoncillos al mismo tiempo apareciendo los pollones descapillados como dos puentes levadizos. Como Choco gastaba alguna tala más que Fresón, su rabo le quedaba más cerca de la boca así que decidió probar primero su polla. Abrió la boca, sacó la lengua y le dio un restregón para recoger el gotarrón de presemen que pendía de su uretra. Después, admirado por el grosor de glande de Fresón, abrió aún más la boca y se lo coló de una vez haciendo un giro con fuerza para notar todo su volumen. Una vez catadas ambas pollas, las agarro de la base y a dos manos empezó a mamarlas como él sabía. Succionaba, lamía, chupaba as pollas con ansia y buen gusto. Intentaba metérselas lo más que podía aunque era del todo imposible que su nariz llegara a rozarse con sus matorrales púbicos. Lamía y absorbía los cojones jugando con ellos con la lengua. Los dos mulatones se miraban y se hacían señales de aprobación, les gustaba cómo los mamaba el Guanchito.
Una vez saciados a este punto decidieron seguir de otra forma. Choco se sentó en medio del sofá, con su pedazo de rabo bien tieso y arrodillaron al Guanchito frente a él. Continuó mamando su polla mientras Fresón empezó a trabajarle el ojete al puto sumiso. Cogió sus blancas nalgas y las abrió con sus manazas y de seguida le lamió la raja de principio a fin. El ojete lo tenía cerradito pero la saliva y el calentón pronto lo ablandaron. Jugaba a meterle la lengua y a morderle las cachas del culo dejándole marcas evidentes. A la vez le daba varios palmotazos con las palmas de las manos a los que el Guanchito respondía con sonoros gemidos de un placer dolorido. Mientras él seguía con sumo entusiasmo dedicado al pollón de Choco. Pero éste también quería rabo, así que agarró la larga cabellera del Guanchito lo subió hasta que se arrodilló encima de él. Fresón se subió al sofá y se sentó en el respaldo, así que el Guanchito cambió de nuevo de polla y ahora mamaba la de la cabeza más gorda. A su vez Choco se bajó un poco y se metió la polla del Guanchito en la boca. Chorreaba de tal manera que en la primera lamida tuvo que sacársela de la boca para poder tragar todo el líquido que había desprendido. Luego siguió mamando con fuerza aquella pollita blanca mientras continuaba la labor que Fresón había dejado a medias, y es que era importante seguir calentándole el culito, así que no paró de darle palmotazos en las nalgas y de jugar con sus gruesos dedos morenos en el ojete para dilatárselo.
Después de unos minutos mamando rabos deshicieron la postura para trabajarle en serio el culo al Guanchito. Se pusieron los tres de pie, para ir abriendo paso fue Choco el primero en penetrar. El Ganchito se encorvó y puso su culito blanco en pompa, pero eso no significaba que detuviese su arte de mamarla, bajó hasta la altura del rabo de Fresón y continuó con su trabajo. Choco se cogió el rabo y lo coloco en a puerta de su ojete. Con suaves golpes de capullo fue entrando lentamente, no había prisa. La cara del Ganchito, lejos de mostrar sufrimiento expresó un placer profundo aunque sus gemidos se ahogaban porque la polla de Fresón se lo impedía. Entró el glande y una vez dentro todo fue seguido hasta la mitad, entonces encontró resistencia y de momento no quiso seguir insistiendo. Suaves batidas hacia dentro y hacia fuera fueron creando el espacio interior adecuado para que el ano del Guanchito aceptase la follada sin dolor. Choco se fue animando y acelerando las metidas cada vez con más energía, Fresón estaba empapado en sudor y tenía el rabo incandescente de la brutal mamada que el Guanchito le estaba propinando y éste se sentía pleno de placer al tener sus dos agujeros rellenos de carne viva y caliente, su boca y culazo ocupados por dos buenas pollas mulatas.
Y llegó el cambio de turno, tras haber abierto el paso, el ojete del Guanchito estaba preparado para siguiente nivel de dilatación y es que la cabeza de la polla de Fresón tenía una circunferencia nunca antes conocida por su culito tierno, así que tendría que ir con cuidado. Acostaron al Guanchito obre la mesa del comedor boca arriba y Fresón e fue metiendo suavemente su pollón con el gusto de ver el gesto de desgarro gozoso en sus ojos. Fresón le sostenía las piernas con sus musculosos brazos y lo pajeaba a la misma vez. Choco no se quedó quieto y para no dejar desamparada a su polla se puso detrás de Fresón y apretando apretando, consiguió hacerse un hueco en el culito moreno de su compañero. Eso excitó fuertemente a Fresón, estaba siendo enculado al mismo tiempo que penetraba al Guanchito, el trenecito estaba en marcha. Por la longitud de su rabo, Choco o tenía problemas para que se saliese a pesar de las sacudidas que el culo de Fresón daba cada vez le pegaba un pollazo a su adorado blanquito. El Guanchito sudaba como un condenado y tato placer lo estaba sumiendo en un estado especial de locura. Pero todo no quedó ahí. Cambiaron de decorado se tiraron al suelo. Choco boca arriba, el Guanchito cabalgando sobre su polla y Fresón que amenazaba con meter su rabo para compartir espacio con la polla de su compañero. El Guanchito se enfrentaba a su primera doble penetración. De rodillas y calculando bien la jugada, Fresón se cogió la polla con su mano derecha y la puso sobre la polla de Choco que ya estaba bombeando al Ganchito. Todos se detuvieron y Fresón presionó con suavidad pero con firmeza la tremenda cabeza de su rabo hacia el interior del ojete ya totalmente dilatado. En seguida empezó a funcionar de nuevo el tren y las dos pollas acompasadas entraban salían de su culito dotándolo de un nuevo placer que le hacía gritar como una puta perra guarra y cachonda. El Guanchito se deshacía en gemidos y escalofríos, se le puso la piel de gallina y sabía que no podría aguantar mucho pues aquel placer era descomunal. Los dos mulatos se afanaron en empujar a todo gas, cada vez más rápido, cada vez más fuerte, hasta que Fresón n pudo más y se salió del culo para situarse frente al Ganchito que seguía sintiendo la polla de Coco en u culo. El Guanchito levantó la cabeza, abrió los ojos y la boca o más que pudo, sacó a lengua para no dejar escapar ni una gota y sin tocase, Fresón dejó que su polla soltara unos lechazos impresionantes. Su cara se empapó por completo, chorros blancos golpeaban sus mejillas enrojecidas de rubor, rellenaban su boca hambrienta de leche caliente y ensuciaban su maravillosa melena.
Observar la corrida de su colega hizo que Choco se sobrexcitase y no pudiese detener la su inminente eyaculación por lo que se quitó al Guanchito de golpe y lo tiró sobre el suelo, se arrodillo sobre su pecho y con su tremendo rabo a pocos centímetros de la cara, vació sus cojones negros en enérgicos disparos de semen recién hecho listo para ser degustado. Lechazos a diestro y siniestro sobre la frente, otra vez en la boca, todo el cuello, incluso se levantó para seguir manchando su pecho y sus brazos. El Guanchito acariciaba las fuertes piernas de Choco mientras recibía toda la serie de lefazos sobre su cara y su torso.
Desahogados los dos morenos, quisieron terminar la faena como ellos estaban acostumbrados. Si hubiera sido por el Guanchito no se hubiera corrido, no le hacía ninguna falta después de tanto placer, pero ellos no pensaban igual.
- ¿Ha quedado satisfecho el cliente? –preguntó Choco.
- No s lo podéis imaginar.
- Pues ahora hay que rematarla faena, esa polla está a puno de estallar y hay que solucionarlo –dijo Fresón señalando la polla del Guanchito.
- De verdad, no os molestéis, no e hace ninguna falta, estoy suficientemente satisfecho, en serio.
- Chico tranquilo, ya no es por ti, es que a nosotros nos gusta terminar así.
Entonces se puso cada uno a un lado, le levantaron las piernas hasta dejarle la mitad del cuerpo en vertical y entre los dos comenzaron a mamar los huevos y la polla del Guanchito. Ni se la tocaron o las manos, sus lenguas eran lo suficientemente potentes para provocarle un orgasmo que terminase con todo aquello de una vez. Los dos mulatos cerraron sus labios y comprimieron su polla por los lados haciéndole una paja mamada con las bocas y en menos de un minuto el Guanchito soltó toda la reserva de leche que había ido acumulando todo el día, tanto la que le generó el lechero del paquetorro como la de los dos lecheros mulatos. Echó unos salivazos con su polla que cayeron sobre su cara, cuello y pecho juntándose con a leche de os dos morenazos que aún estaba caliente. Luego lo dejaron caer al suelo y se quedó unos minutos en silencia disfrutando del cansancio y el placer, por poco se queda dormido.
Mientras el Guanchito se reponía del polvazo, Fresón y Choco se habían secado el sudor y puesto sus trajes impecables de nuevo. Una vez vestidos cogieron al Guanchito y lo dejaron sobre el sofá. El batido multileches que cubría la mayor parte de su cuerpo casi se había secado y como buenos profesionales, volvieron a hacer el ritual de la limpieza. Tomaron la palangana de nuevo, la llenaron de agua de azahar, pasaron la esponja con esmero por cada centímetro de su piel y finalmente lo secaron con suma delicadeza.
El Guanchito no dijo ni "mu", simplemente se limitó a dejarse hacer y disfrutar de los últimos minutos de la sorpresa de un día que no olvidaría jamás.
Estaba tan rendido que no pudo ni levantarse para despedir a los dos lecheros que le dejaron una tarjeta con sus referencias y se despidieron de él con mucho cariño.
- Bueno chico, ha sido un verdadero placer haber atendido este pedido –dijo Choco dándole un afectuoso beso en la boca.
- Lo mismo digo, un placer atender a clientes como tú, aquí te dejamos nuestras referencias por si en alguna ocasión te apetece una nueva visita, ya sabes cómo trabajamos. Lo que no te podemos garantizar es que el servicio sea inmediato, el gremio de los lecheros es escaso y como ya sabes la dedicación que ponemos en las visitas entenderás que su frecuencia sea baja –dijo Fresón dándole otro beso en los morros.
- Yo no tengo palabras para agradeceros el servicio, sólo deciros que seguro que os volveré a llamar y esperaré con paciencia para cuando me podáis atender –dijo el Guanchito desnudo y tirado sobre el sofá que presidía su salón y que había sido testigo de todo lo sucedido aquella tarde.
Los dos lecheros mulatos se dieron la vuelta y menearon sus morenos culazos hasta la puerta desde donde se volvieron para lanzarle una última sonrisa al despedazado Guanchito. Por su parte éste se quedó allí tirado el resto de la noche, se puso la tele de fondo y se durmió en seguida, rendido por la paliza y el desgaste sexual tan agradable a cuenta del gremio de los lecheros.
Ringgggggg, ringgggggggg –sonó el teléfono y se despertó.
Asustado por el estruendo se levantó desorientado y al estirar su cuerpo sintió un fuerte rasgado en su piel que le hizo gritar. La lefa del lechero había cuajado hasta los poros de su piel y se había secado por completo, la sentía como si tuviese la piel de un lagarto. Cogió el teléfono y atendió sin mucho agrado.
-¿Sí?.... No, no he cenado aún. Sí mamá, ahora me hago lo que sea, no tengo mucha hambre……. Sí, ya lo sé, que tengo que cuidarme ……. Bla, bla, bla…….
El Guanchito no le dio mucha bola a su madre, la verdad es que se encontraba algo aturdido de la siesta fuera de hora y tras colgar volvió a sentarme en su sofá sin saber muy bien qué hacer. Pero al momento sonó el telefonillo. Pegó un bote del sofá y volvió a sentir un tirón en todo su torso que lejos de molestarle le trajo morbosos recuerdos. Contestó.
-¿Sí?
-Nos envía el lechero –contestaron desde abajo.
Sin preguntar nada más les abrió la puerta y se dispuso a recibirlos en la entrada. El lechero no le había dado instrucciones de cómo recibirlos, bueno sí, de ninguna manera especial, simplemente como él lo había dejado y así los esperó, completamente en pelotas y con los churretes de semen caídos y secos desde su frente hasta los muslos.
En breve se oyó ruido al otro lado de la puerta y sin dejarlos llamar el Guanchito les abrió. Se quedó sorprendido al verlos, dos mulatos con la cabeza rapada trajeados y portando uno un maletín de cuero y el otro una mochila deportiva de tamaño mediano. Ambos le ofrecieron una amplia sonrisa y lo repasaron de arriba abajo. Al llegar a la zona de sus genitales se relamieron los labios y ampliaron su tremenda y blanca sonrisa. Les dio paso y entraron dejando sus equipajes sobre la mesita de centro del salón.
Los lecheros se presentaron el uno al otro y le dieron instrucciones.
-Buenas noches, él se llama Choco –dijo el más alto presentando al otro- lo llaman así porque es el más sabroso, tiene una boca capaz de sacarte la leche directamente los huevos, una lengua que podría desgastarte el ojete a lametazos y un rabo de 22 centímetros rico para chupar y follarte hasta que eches el corazón por la boca.
-Buenas noches, él se llama Fresón –dijo el más bajito- lo llaman así por el tamaño de la cabeza de su polla, parece un auténtico fresón y es dulce y ácido como el fruto, lo mismo te acaricia y se da un masaje erótico espectacular, que te pega una tunda de palmotazos en el culo que te puede hacer sangrar, eso sólo si lo deseas claro, respetamos los límites de cada persona. Además de su dotado glande, su rabo le mide 26 centímetros, por lo que es ideal para mamar a dos manos y hacer las delicias de un precioso culito como el tuyo. Cuando lo veas también podrás apreciar el volumen de sus cojones que pueden llegar a emitir cerca de 10 cl de leche en una sola corrida.
El Guanchito se quedó flipado, nunca había vivido una situación parecida, solía tener encuentros esporádicos en las que apenas mediar cuatro palabras.
-De ti no necesitamos ningún tipo de información, simplemente te pedimos que te dejes llevar y que si algo te desagrada nos lo digas pero siempre será mejor que nos dejes trabajar como a nosotros nos gusta.
-Está bien, soy todo vuestro, haced de mí lo que vosotros queráis, me dejo en vuestros cuerpos muy gustoso.
-Muy bien –dijo Fresón- siéntate en el centro del sofá.
El Guanchito le obedeció y los lecheros se quitaron las chaquetas pero se quedaron vestidos e incluso con las corbatas negras. Sacaron de la mochila una zafa, una esponja, una botella de agua aromatizada con azahar y una toalla. Los dos mulatos se sentaron a cada lado del Guanchito y Fresón vertió el agua de azahar en ella, empapó la esponja y comenzó a pasarla por todo su cuerpo, primero la cara con mucho cuidado y luego fue bajando por el cuello, el torso y los muslos. Escurría de vez en cuando la esponja y se notaba cómo el semen del lechero iba haciendo burbujas en la zafa. Mientras Fresón terminaba con la espalda, Choco le secaba la piel con la toalla, con mucha suavidad, con delicadeza. El Guanchito, haciendo honor a lo que le habían pedido permanecía a sus órdenes con los ojos cerrados y sólo sintiéndose muy cuidado por aquellos dos desconocidos.
Una vez aseado, le pusieron los brazos abiertos y se bajaron a sus pezones. Fresón y Choco sacaron sus lenguas salivosas y comenzaron a lamer los pezones del Guanchito. Al principio notó cierto escozor, pues las pinzas que se había puesto por la tarde le habían hecho heriditas, pero en seguida la saliva de los lecheros se las curaron y empezaron a expandirse volviéndose blanditos y jugosos. Ambos tenían unos morros importantes, rodeaban los pezones con la lengua, los lamían de abajo hacia arriba y luego siguieron con pequeños mordisquitos a los que el Guanchito respondía con tímidos gemidos. Su rabo se había despertado desde el principio pero los mulatos no le habían hecho ni caso. Para él mejor, porque precisamente no era de los que desease que ni si quiera se lo tocasen en la mayoría de sus encuentros sexuales, únicamente cuando optaba por ser activo le daba importancia a eso. En aquel momento se sentí en la gloria, con los ojos cerrados, dos bocazas comiéndole los pezones y sintiendo su rabo duro y goteando las primeras lágrimas preseminales, ummmm.
De los pezones pasaron a las axilas y tras olerlas restregaron sus lenguas por sus velludos sobacos. Se retiraron y el Guanchito abrió los ojos.
-¿Te encuentras bien? –preguntó Choco.
-Sí, muy bien, perfecto –respondió el Guanchito.
Los lecheros se quitaron las corbatas y las camisas, sólo se dejaron los pantalones. Sus torsos eran de piel fibrosa y trigueña, sin vello en absoluto y ambos llevaban un piercing en la tetilla izquierda. A Choco le colgaba un aro con una diminuta onza de chocolate de plata y a Fresón un aro con una fresita, en su caso, en oro amarillo.
Ahora eran ellos los que deseaban ser lamidos por la húmeda lengua del Guanchito. Choco asió su cabeza y la llevó hasta su pezón izquierdo y éste probó el preciado metal que tenía u sabor salado. Choco sudaba debido a la excitación y sus pezones habían transmitido el sabor de su piel a la onza de chocolate dorada. Después fue Fresón el que cogió la cabeza del Guanchito para que probase el sabor de sus pezones y así fue, la fresita plateada se entremezclaba entre sus labios y su lengua evitando ser devorada. Al mismo tiempo dos impresionantes bultos crecían en los pantalones de los putos lecheros a domicilio. Sus pollas tomaban posiciones subiendo por las ingles hasta detenerse en toda su dimensión a la altura del cinturón. Como el Guanchito estaba completamente desnudo ya eran visibles los hilillos de baba de polla que caían al sofá empelotando sus cojones y sus muslos.
Entonces pasaron a una nueva fase, la presión e sus rabos morenos en el interior del pantalón era insoportable por lo que ambos se levantaron y con un gesto hicieron que el Guanchito sacase las lecheras de las que iba a abastecerse. Así, usando cada mano para cada maromo desabrochó los cinturones, luego los botones y los pantalones cayeron por su propio peso. Dos pedazo de paquetes en slips blancos frente a su careto le hicieron gemir de placer, dudó a cual dedicarse primero, pero prefirió tener más datos para elegir. Metió sus manos por el elástico y bajó los dos calzoncillos al mismo tiempo apareciendo los pollones descapillados como dos puentes levadizos. Como Choco gastaba alguna tala más que Fresón, su rabo le quedaba más cerca de la boca así que decidió probar primero su polla. Abrió la boca, sacó la lengua y le dio un restregón para recoger el gotarrón de presemen que pendía de su uretra. Después, admirado por el grosor de glande de Fresón, abrió aún más la boca y se lo coló de una vez haciendo un giro con fuerza para notar todo su volumen. Una vez catadas ambas pollas, las agarro de la base y a dos manos empezó a mamarlas como él sabía. Succionaba, lamía, chupaba as pollas con ansia y buen gusto. Intentaba metérselas lo más que podía aunque era del todo imposible que su nariz llegara a rozarse con sus matorrales púbicos. Lamía y absorbía los cojones jugando con ellos con la lengua. Los dos mulatones se miraban y se hacían señales de aprobación, les gustaba cómo los mamaba el Guanchito.
Una vez saciados a este punto decidieron seguir de otra forma. Choco se sentó en medio del sofá, con su pedazo de rabo bien tieso y arrodillaron al Guanchito frente a él. Continuó mamando su polla mientras Fresón empezó a trabajarle el ojete al puto sumiso. Cogió sus blancas nalgas y las abrió con sus manazas y de seguida le lamió la raja de principio a fin. El ojete lo tenía cerradito pero la saliva y el calentón pronto lo ablandaron. Jugaba a meterle la lengua y a morderle las cachas del culo dejándole marcas evidentes. A la vez le daba varios palmotazos con las palmas de las manos a los que el Guanchito respondía con sonoros gemidos de un placer dolorido. Mientras él seguía con sumo entusiasmo dedicado al pollón de Choco. Pero éste también quería rabo, así que agarró la larga cabellera del Guanchito lo subió hasta que se arrodilló encima de él. Fresón se subió al sofá y se sentó en el respaldo, así que el Guanchito cambió de nuevo de polla y ahora mamaba la de la cabeza más gorda. A su vez Choco se bajó un poco y se metió la polla del Guanchito en la boca. Chorreaba de tal manera que en la primera lamida tuvo que sacársela de la boca para poder tragar todo el líquido que había desprendido. Luego siguió mamando con fuerza aquella pollita blanca mientras continuaba la labor que Fresón había dejado a medias, y es que era importante seguir calentándole el culito, así que no paró de darle palmotazos en las nalgas y de jugar con sus gruesos dedos morenos en el ojete para dilatárselo.
Después de unos minutos mamando rabos deshicieron la postura para trabajarle en serio el culo al Guanchito. Se pusieron los tres de pie, para ir abriendo paso fue Choco el primero en penetrar. El Ganchito se encorvó y puso su culito blanco en pompa, pero eso no significaba que detuviese su arte de mamarla, bajó hasta la altura del rabo de Fresón y continuó con su trabajo. Choco se cogió el rabo y lo coloco en a puerta de su ojete. Con suaves golpes de capullo fue entrando lentamente, no había prisa. La cara del Ganchito, lejos de mostrar sufrimiento expresó un placer profundo aunque sus gemidos se ahogaban porque la polla de Fresón se lo impedía. Entró el glande y una vez dentro todo fue seguido hasta la mitad, entonces encontró resistencia y de momento no quiso seguir insistiendo. Suaves batidas hacia dentro y hacia fuera fueron creando el espacio interior adecuado para que el ano del Guanchito aceptase la follada sin dolor. Choco se fue animando y acelerando las metidas cada vez con más energía, Fresón estaba empapado en sudor y tenía el rabo incandescente de la brutal mamada que el Guanchito le estaba propinando y éste se sentía pleno de placer al tener sus dos agujeros rellenos de carne viva y caliente, su boca y culazo ocupados por dos buenas pollas mulatas.
Y llegó el cambio de turno, tras haber abierto el paso, el ojete del Guanchito estaba preparado para siguiente nivel de dilatación y es que la cabeza de la polla de Fresón tenía una circunferencia nunca antes conocida por su culito tierno, así que tendría que ir con cuidado. Acostaron al Guanchito obre la mesa del comedor boca arriba y Fresón e fue metiendo suavemente su pollón con el gusto de ver el gesto de desgarro gozoso en sus ojos. Fresón le sostenía las piernas con sus musculosos brazos y lo pajeaba a la misma vez. Choco no se quedó quieto y para no dejar desamparada a su polla se puso detrás de Fresón y apretando apretando, consiguió hacerse un hueco en el culito moreno de su compañero. Eso excitó fuertemente a Fresón, estaba siendo enculado al mismo tiempo que penetraba al Guanchito, el trenecito estaba en marcha. Por la longitud de su rabo, Choco o tenía problemas para que se saliese a pesar de las sacudidas que el culo de Fresón daba cada vez le pegaba un pollazo a su adorado blanquito. El Guanchito sudaba como un condenado y tato placer lo estaba sumiendo en un estado especial de locura. Pero todo no quedó ahí. Cambiaron de decorado se tiraron al suelo. Choco boca arriba, el Guanchito cabalgando sobre su polla y Fresón que amenazaba con meter su rabo para compartir espacio con la polla de su compañero. El Guanchito se enfrentaba a su primera doble penetración. De rodillas y calculando bien la jugada, Fresón se cogió la polla con su mano derecha y la puso sobre la polla de Choco que ya estaba bombeando al Ganchito. Todos se detuvieron y Fresón presionó con suavidad pero con firmeza la tremenda cabeza de su rabo hacia el interior del ojete ya totalmente dilatado. En seguida empezó a funcionar de nuevo el tren y las dos pollas acompasadas entraban salían de su culito dotándolo de un nuevo placer que le hacía gritar como una puta perra guarra y cachonda. El Guanchito se deshacía en gemidos y escalofríos, se le puso la piel de gallina y sabía que no podría aguantar mucho pues aquel placer era descomunal. Los dos mulatos se afanaron en empujar a todo gas, cada vez más rápido, cada vez más fuerte, hasta que Fresón n pudo más y se salió del culo para situarse frente al Ganchito que seguía sintiendo la polla de Coco en u culo. El Guanchito levantó la cabeza, abrió los ojos y la boca o más que pudo, sacó a lengua para no dejar escapar ni una gota y sin tocase, Fresón dejó que su polla soltara unos lechazos impresionantes. Su cara se empapó por completo, chorros blancos golpeaban sus mejillas enrojecidas de rubor, rellenaban su boca hambrienta de leche caliente y ensuciaban su maravillosa melena.
Observar la corrida de su colega hizo que Choco se sobrexcitase y no pudiese detener la su inminente eyaculación por lo que se quitó al Guanchito de golpe y lo tiró sobre el suelo, se arrodillo sobre su pecho y con su tremendo rabo a pocos centímetros de la cara, vació sus cojones negros en enérgicos disparos de semen recién hecho listo para ser degustado. Lechazos a diestro y siniestro sobre la frente, otra vez en la boca, todo el cuello, incluso se levantó para seguir manchando su pecho y sus brazos. El Guanchito acariciaba las fuertes piernas de Choco mientras recibía toda la serie de lefazos sobre su cara y su torso.
Desahogados los dos morenos, quisieron terminar la faena como ellos estaban acostumbrados. Si hubiera sido por el Guanchito no se hubiera corrido, no le hacía ninguna falta después de tanto placer, pero ellos no pensaban igual.
- ¿Ha quedado satisfecho el cliente? –preguntó Choco.
- No s lo podéis imaginar.
- Pues ahora hay que rematarla faena, esa polla está a puno de estallar y hay que solucionarlo –dijo Fresón señalando la polla del Guanchito.
- De verdad, no os molestéis, no e hace ninguna falta, estoy suficientemente satisfecho, en serio.
- Chico tranquilo, ya no es por ti, es que a nosotros nos gusta terminar así.
Entonces se puso cada uno a un lado, le levantaron las piernas hasta dejarle la mitad del cuerpo en vertical y entre los dos comenzaron a mamar los huevos y la polla del Guanchito. Ni se la tocaron o las manos, sus lenguas eran lo suficientemente potentes para provocarle un orgasmo que terminase con todo aquello de una vez. Los dos mulatos cerraron sus labios y comprimieron su polla por los lados haciéndole una paja mamada con las bocas y en menos de un minuto el Guanchito soltó toda la reserva de leche que había ido acumulando todo el día, tanto la que le generó el lechero del paquetorro como la de los dos lecheros mulatos. Echó unos salivazos con su polla que cayeron sobre su cara, cuello y pecho juntándose con a leche de os dos morenazos que aún estaba caliente. Luego lo dejaron caer al suelo y se quedó unos minutos en silencia disfrutando del cansancio y el placer, por poco se queda dormido.
Mientras el Guanchito se reponía del polvazo, Fresón y Choco se habían secado el sudor y puesto sus trajes impecables de nuevo. Una vez vestidos cogieron al Guanchito y lo dejaron sobre el sofá. El batido multileches que cubría la mayor parte de su cuerpo casi se había secado y como buenos profesionales, volvieron a hacer el ritual de la limpieza. Tomaron la palangana de nuevo, la llenaron de agua de azahar, pasaron la esponja con esmero por cada centímetro de su piel y finalmente lo secaron con suma delicadeza.
El Guanchito no dijo ni "mu", simplemente se limitó a dejarse hacer y disfrutar de los últimos minutos de la sorpresa de un día que no olvidaría jamás.
Estaba tan rendido que no pudo ni levantarse para despedir a los dos lecheros que le dejaron una tarjeta con sus referencias y se despidieron de él con mucho cariño.
- Bueno chico, ha sido un verdadero placer haber atendido este pedido –dijo Choco dándole un afectuoso beso en la boca.
- Lo mismo digo, un placer atender a clientes como tú, aquí te dejamos nuestras referencias por si en alguna ocasión te apetece una nueva visita, ya sabes cómo trabajamos. Lo que no te podemos garantizar es que el servicio sea inmediato, el gremio de los lecheros es escaso y como ya sabes la dedicación que ponemos en las visitas entenderás que su frecuencia sea baja –dijo Fresón dándole otro beso en los morros.
- Yo no tengo palabras para agradeceros el servicio, sólo deciros que seguro que os volveré a llamar y esperaré con paciencia para cuando me podáis atender –dijo el Guanchito desnudo y tirado sobre el sofá que presidía su salón y que había sido testigo de todo lo sucedido aquella tarde.
Los dos lecheros mulatos se dieron la vuelta y menearon sus morenos culazos hasta la puerta desde donde se volvieron para lanzarle una última sonrisa al despedazado Guanchito. Por su parte éste se quedó allí tirado el resto de la noche, se puso la tele de fondo y se durmió en seguida, rendido por la paliza y el desgaste sexual tan agradable a cuenta del gremio de los lecheros.
FIN
Allí estábamos los dos, casi solos en el “SEXDUNE”, con el morbo de nuestros rabos y cojones asomando por la bragueta e impregnando toda la sala del aroma de nuestros líquidos preseminales. Nos mirábamos, nos pajeábamos lentamente sin decirnos nada. Entonces se escuchó abrir una puerta y como pudimos encerramos nuestras pollas de nuevo en su guarida lamentando el dolor producido por la presión, pero con toda su dureza intacta. Así que él no lo pensó dos veces y decidido a seguir con aquel juego se fue directo a la zona de cabinas de sexo y yo sin dudarlo le seguí como un perro en celo. Entré en la cabina a medio oscuras y allí me estaba esperando, con los pantalones en los tobillos y la camiseta a la altura del pecho. Sin mediar palabra me arrodille y me clavé su pedazo de rabo hasta la garganta. Se la estuve mamando un buen rato hasta que me levantó cogiéndome por las axilas. Él mismo fue el que me bajó los pantalones hasta los tobillos también y repitió lo mismo que yo le hice. Me agarró el rabo con una mano, se lo metió en la boca y comenzó a acariciarme con su lengua y su paladar, ufff, qué gustazo. Con la otra mano apretaba mis cojones con fuerza.

